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Capítulo 1092:
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Ashlyn dejó su vaso a un lado y se inclinó hacia ella, deseosa de compartir sus experiencias con Katelyn.
«Cuando era niña, mi abuela y yo pasábamos horas recogiendo setas en el bosque de peonías. Fue uno de los mejores momentos de mi vida.
Si alguna vez tienes la oportunidad, me encantaría llevarte a verlo».
La sorpresa de Katelyn fue en aumento.
Ashlyn hablaba con tanta libertad de su infancia.
Espera, ¿de verdad no era Sophia?
Katelyn, que aún intentaba atar cabos, preguntó con auténtica curiosidad: «¿Tu familia no es conocida por las joyas? ¿Por qué fuiste a buscar setas?».
Las hijas de familias de alto estatus solían estar preparadas para actividades más refinadas y pulidas. Buscar setas no parecía encajar con la imagen de una heredera de la familia Marshall.
Ashlyn pareció ensimismada por un momento.
Su sonrisa se desvaneció y dejó escapar un suave suspiro.
«Cuando mi padre era más joven, traicionó a mi madre.
En su ira, mi madre me llevó con su familia, donde estuvimos más de seis meses». Hizo una pausa para ordenar sus pensamientos antes de volver a hablar.
«Mi abuela es…»
Parte de la familia eran pastores, así que buscar setas era parte de nuestra vida».
En aquel breve intercambio, Katelyn ya podía adivinar lo fuerte que debía de ser la madre de Ashlyn.
El choque de estatus sociales siempre era una lucha en la alta sociedad, algo que la traición del padre de Katelyn había dejado dolorosamente claro.
Katelyn se disculpó rápidamente.
«Lo siento mucho.»
Ashlyn se encogió de hombros.
«No pasa nada.
Esos tiempos ya pasaron».
En el despiadado mundo de la familia Marshall, Ashlyn sabía que tenía que brillar en el próximo concurso de joyas para ganarse un puesto y hacer oír su voz.
Alfy escuchaba atentamente, con los ojos llenos de simpatía.
«No tenía ni idea de que pasaste por algo tan doloroso.
Parece que todo el mundo lleva sus cargas».
Al oír estas palabras, Katelyn alargó la mano y golpeó ligeramente a Alfy en la cabeza, bromeando.
«No eres de los que tienen luchas».
Aunque Katelyn nunca había conocido al tío de Alfy, era muy consciente de lo mucho que adoraba a Alfy, tratándolo como a una princesita.
Ser criado con tanto amor y atención le había dado a Alfy la libertad de vivir sin preocupaciones.
Alfy se agarró la cabeza, haciendo una mueca exagerada.
«Katelyn, me estás haciendo daño.»
Katelyn sabía que no había sido tan brusca como para causarle dolor.
Aun así, el acto juguetón de Alfy hizo sonreír tanto a Ashlyn como a Katelyn, distendiendo el ambiente.
Después de un largo baño, Alfy se sintió invadida por la somnolencia. Recién salida de la ducha, se envolvió en un albornoz y apoyó la cabeza en el hombro de Katelyn, apenas despierta.
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