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Capítulo 1065:
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Katelyn se recostó en el sofá y sintió un ligero alivio.
El dolor era insoportable.
Katelyn miró a Aimee.
«¿Podrías ayudarme a aplicarme algún medicamento después de comer, Aimee?». Necesitaba aliviar el dolor antes de enfrentarse a otra operación esa misma tarde.
Aimee asintió y fue a buscar comida para Katelyn. Katelyn sólo consiguió unos pocos bocados antes de que se le quitara el apetito.
Más tarde, Katelyn yacía en la cama del hospital, desnuda, mientras Aimee le aplicaba suavemente una pomada especialmente formulada en los puntos magullados y doloridos de su cuerpo. Incluso con el tacto suave de Aimee, Katelyn se estremecía con cada aplicación. Cada toque la hacía inhalar bruscamente.
Al notar su malestar, Aimee suavizó aún más su tacto.
Katelyn tenía la cara hundida en la almohada y la voz apagada pero firme.
«Presiona más fuerte, cuanto más fuerte, mejor».
Esto permitiría que el medicamento penetrara en los músculos y aliviara el dolor con mayor eficacia.
Aimee parecía preocupada.
«¿Estás seguro?»
¿No aumentaría eso el dolor? La sola idea angustiaba a Aimee.
Pero Katelyn lo confirmó con un asentimiento decisivo.
«Sí.»
Con cierta vacilación, Aimee aplicó más presión.
En ese momento, Katelyn sintió un dolor abrumador, como si le estuvieran desgarrando el alma, que la hizo apretar con fuerza las sábanas de la cama.
En ese momento, la puerta de la sala se abre de golpe.
Sobresaltada, Aimee colocó rápidamente una manta sobre Katelyn para cubrirla.
Sus movimientos nerviosos sólo condujeron a más errores.
En la confusión, la manta acabó en el suelo en lugar de cubrir a Katelyn. Tanto Katelyn como Aimee se quedaron paralizadas.
En la puerta, el visitante se quedó inmóvil ante la escena. Vincent, con la mano congelada en el pomo de la puerta, vislumbró el cuerpo grácil pero expuesto de Katelyn en la cama del hospital. Un torrente de complicadas emociones inundó su mente.
Se dio la vuelta y cerró la puerta tras de sí.
Bajo el peso de su vergüenza, Katelyn se tapó la cara, se echó la manta por encima con cautela y murmuró: «Aimee, estoy deseando que el suelo se abra y me trague entera».
Fue el momento más mortificante de su vida. Cómo podría volver a mirar a Vincent a los ojos después de este incidente?
Aimee cubrió la cara de Katelyn con la manta con un suave movimiento y susurró: «Cariño, tómate un momento para recomponerte».
¿Quién podría haber imaginado un giro tan incómodo de los acontecimientos? Estaba segura de haber cerrado la puerta antes. ¿Su memoria le estaba jugando una mala pasada?
Katelyn permaneció en silencio, demasiado abrumada por la vergüenza como para hablar. Tras terminar con el tratamiento de Katelyn, Aimee soltó una leve risita.
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