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Capítulo 1063:
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Cuando terminaron sus informes y recogieron todas las pruebas necesarias, la policía se marchó.
Katelyn se volvió entonces hacia Marcia y le preguntó en voz baja: «¿Estás bien?».
Marcia seguía visiblemente alterada, con los nervios a flor de piel.
Katelyn le tendió una taza de café caliente, que Marcia tomó con un silencioso «Gracias».
Conocida como una médica respetada, el gesto compasivo de Katelyn conmovió profundamente a Marcia.
Aunque no todo el mundo era consciente del verdadero papel de Katelyn, los que estaban dentro del hospital sí.
El café caliente ayudó a Marcia a sentirse un poco más tranquila.
En ese momento, Aimee se acercó a Katelyn, con voz llena de preocupación mientras le decía: «¡Ponte los zapatos!».
Aunque no hacía frío en el hospital, Katelyn seguía siendo una paciente, y no era bueno andar descalza.
Katelyn respondió con una suave sonrisa: «No pasa nada». No obstante, aceptó los zapatos que le ofrecía Aimee y se los puso.
Katelyn cogió entonces un poco de desinfectante para limpiar el corte del cuello de Marcia.
De repente, un médico se acercó corriendo, con el rostro marcado por la urgencia.
«¡Hay un problema en el quirófano!»
Katelyn se levantó y le entregó el yodo a Marcia.
«Toma, puedes aplicarte esto tú misma». Luego siguió apresuradamente al médico hacia el quirófano.
Al verla marchar, Aimee gritó preocupada: «¡Ni siquiera has desayunado!».
Su ansiedad era notable. ¿Qué le pasaba?
Desde primera hora de la mañana, Katelyn había estado enredada en el drama de Zayden y Wrenley, y justo cuando eso parecía resolverse, la llamaron a la sala de operaciones.
Marcia exhaló un suave suspiro y comentó: «¡Hades nunca descansa!».
Era bien sabido en todo el hospital que Katelyn era Hades, la renombrada sanadora, y su implacable ética de trabajo era ampliamente respetada. Realmente, Katelyn era extraordinaria.
Aimee se acomodó en una silla cercana y centró su atención en Marcia.
«Asegúrate de atender también las heridas de tu cuello y cara. No queremos que queden cicatrices».
Las cicatrices eran una preocupación importante, especialmente para una mujer joven.
Marcia asintió, expresando su gratitud.
«Gracias, Aimee.»
Al entrar en el quirófano, Katelyn se encontró con una escena brutal: la sala estaba cubierta de sangre y una paciente yacía en la camilla vomitando sangre violentamente.
Si seguía por ese camino, podría costarle la vida.
El alivio en los ojos de los demás médicos fue evidente en cuanto vieron entrar a Katelyn.
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