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Capítulo 936:
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Dayana giró ligeramente la cabeza y, con voz vacilante, llamó suavemente: «Emma…».
«Por cierto», dijo Emma, levantando la mano, con el anillo de plata en su dedo reflejando la luz.
Dayana abrió mucho los ojos. «¿Ricky te ha pedido matrimonio?».
«Sí».
Dayana se incorporó de golpe y abrazó a Emma con entusiasmo. «¡Es una noticia maravillosa!».
Desde el momento en que Dayana había regresado con Ricky y había conocido a Emma, se había sentido atraída por su comportamiento amable y gentil.
La idea de tener a Emma como cuñada la llenaba de auténtica alegría.
Pero, aunque sonreía, se le llenaron los ojos de lágrimas.
Se aferró a Emma con fuerza, deseando pedirle ayuda económica, pero sin atreverse a decirlo.
Las acciones de Padgett le habían costado a Ricky casi ocho millones, una pérdida abrumadora que ella y Padgett nunca podrían pagar, ni siquiera en toda una vida.
Emma le acarició suavemente la cabeza. «¿Te gustaría ser mi dama de honor?», le preguntó con una cálida sonrisa.
Si las cosas hubieran sido diferentes, si no hubiera sido por la pelea con Jenifer, Emma la habría elegido como dama de honor. Pero ahora…
«Sí, me encantaría».
Dayana sorbió por la nariz y asintió con entusiasmo, con la voz temblorosa.
Se apartó, parpadeó para secarse las lágrimas y enderezó la postura. —¿Puedo elegir mi propio vestido de dama de honor?
Emma se rió suavemente, con una risa ligera y sincera. —Por supuesto que puedes.
A pesar de sus esfuerzos por controlar sus emociones, el enrojecimiento de los ojos de Dayana delataba su confusión interior.
Emma la observó en silencio, reconociendo el dolor persistente. «¿Por qué Jenifer se metió contigo?», le preguntó con delicadeza.
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«Por favor, no me preguntes», respondió Dayana rápidamente, con la voz tensa por la incomodidad.
Jenifer había malinterpretado su relación con Michael, pero Dayana sí que sentía algo por él. No tenía intención de defenderse, ni de competir por él. Mantenía sus emociones enterradas, ocultas en lo más profundo de su corazón.
«Dayana, ahora somos familia. Puedes contarme cualquier cosa».
Dayana permaneció en silencio, con los labios apretados.
—¿Sientes algo por Michael? —insistió Emma con suavidad.
Dayana no respondió y bajó la mirada hacia su regazo.
—Lo sientes, ¿verdad?
Michael y Dayana habían vivido bajo el mismo techo durante tres meses, por lo que no era difícil ver cómo podían surgir sentimientos.
A Emma no le sorprendió especialmente. Dayana nunca había tenido una relación y Michael, con su aspecto llamativo y su comportamiento afable, era innegablemente cautivador. Sus ojos penetrantes tenían un encanto irresistible que atraía la atención sin esfuerzo. Con su refinada educación y su presencia magnética, tenía la capacidad de cautivar a cualquier chica.
«¿Lo sabe Michael?», preguntó Emma.
Dayana negó con vehemencia. «No lo sabe. Por favor, no se lo digas».»
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