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Capítulo 857:
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Para la segunda semana, la visión de Emma había mejorado. Podía distinguir la silueta de Ricky cuando se acercaba, aunque desde lejos seguía siendo una figura borrosa.
Ese día, Ricky se fue a una reunión importante en la empresa. Emma se quedó en la habitación, sentada frente al espejo del tocador, mientras Sasha le peinaba el pelo.
Al mirar su reflejo borroso, Emma casi olvidó cómo era realmente.
Habían pasado dos semanas y, tal y como había predicho el médico, su visión se estaba recuperando gradualmente.
«Emma, ¿quieres que te recoja el pelo?», le preguntó Sasha.
Emma negó ligeramente con la cabeza. «No hace falta». Ricky prefería que llevara el pelo suelto.
«Entonces te cortaré algo de fruta».
«De acuerdo», respondió Emma.
Sasha la ayudó a sentarse en la cama. «No te muevas». Emma asintió con la cabeza.
Unos instantes después de que Sasha se marchara, sonó el teléfono de Emma.
Se giró hacia el sonido y vio el tenue resplandor de la pantalla en la mesita de noche. A tientas, cogió el teléfono y entrecerró los ojos para mirar la pantalla. No podía distinguir el identificador de llamadas, pero el botón verde para responder y el botón rojo para rechazar eran vagamente visibles.
Deslizando el dedo por el botón verde, se llevó el teléfono a la oreja.
«¿Hola?», dijo en voz baja.
Una voz familiar se escuchó a través del receptor. «Emma, ¿cómo has estado últimamente?». Era Jenifer.
«Estoy bien», respondió Emma.
«¿Ha mejorado tu visión?».
«Mucho mejor».
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«Siento haber tardado tanto en llamarte. Cuando estabas en el hospital, tus guardaespaldas no me dejaron verte. Quería visitarte, pero no pude».
«¿Necesitas algo?».
«He vuelto a avanzar en la competición y solo quería compartir la buena noticia contigo».
«Enhorabuena».
«Gracias».
Se produjo un silencio incómodo entre ellas, ninguna dispuesta a colgar.
Al cabo de un rato, Jenifer rompió el silencio. —¿Sigues enfadada conmigo?
—No estoy enfadada contigo.
—Tu guardaespaldas ya se ha asegurado de que pagara por lo que pasó, no se contuvo.
—Jenifer…
—Te estoy muy agradecida por haberme empujado aquel día. Me salvaste la vida. Muchas gracias.
Emma no respondió de inmediato, sin saber muy bien qué decir.
El silencio volvió, esta vez más pesado.
Finalmente, Jenifer dijo: «Cuando vuelva al país, ¿puedes venir a recogerme?».
«Puedo enviarte un coche».
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