Quédate conmigo, cariño - Capítulo 242
✨ Nuevos capítulos cada martes y viernes
📖 ¡Nuevas novelas cada semana!
🌟 Únete a Nuestra Comunidad
📱 Tip: Toca el menú de tu navegador → "Añadir a pantalla de inicio" ¡y accede como si fuera una app!
Capítulo 242:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Phil y Fred llevaban mucho tiempo con ella y ella confiaba plenamente en ellos, ya que se preocupaban sinceramente por su seguridad. Tras dar varias vueltas por la ciudad, el coche se detuvo frente a una pista de patinaje cubierta cerrada.
Las puertas de la pista estaban cerradas y no parecía que estuviera abierta al público. «Vamos», dijo Clayton, saliendo del coche y ofreciéndole la mano a Emma.
Ella dudó un momento antes de cogerla. Él la ayudó a salir del coche y la condujo hacia la entrada.
Leif Campbell, el hombre con el pelo rapado que había estado siguiendo a Clayton todo el tiempo, se acercó y abrió las puertas con una llave. Clayton condujo a Emma al interior.
Leif no los siguió. Se quedó fuera.
La pista estaba a oscuras y, después de la luz brillante del exterior, los ojos de Emma tardaron un momento en adaptarse.
Clayton la guió hasta un banco. «Espera aquí un momento», le dijo. Un momento después, las luces se encendieron, iluminando la pista vacía. ¿Tenía pensado patinar con ella? El corazón de Emma se aceleró al pensarlo. Estaba embarazada y parecía peligroso.
Clayton regresó con dos pares de patines. Se puso los suyos primero y luego se arrodilló ante ella para ayudarla con los suyos, sabiendo que no podía agacharse en su estado actual.
«No te preocupes. No dejaré que te caigas», dijo con voz suave. Una vez que se los hubo puesto, le cogió de la mano, la ayudó a ponerse en pie y la condujo lentamente hacia el hielo.
Al principio, solo le cogió una mano, pero a medida que avanzaban, le cogió las dos. Patinaron despacio, con cuidado.
Phil y Fred observaban ansiosos desde un lado, con la mirada fija en cada paso que Emma daba sobre el hielo.
El corazón de Emma se aceleró al pensar en caerse, pero el firme agarre de Clayton y su experta guía la hicieron sentir segura.
Poco a poco, se relajó y sus movimientos se volvieron más fluidos. Al notar su tranquilidad, Clayton aceleró el ritmo, pero le sujetó las manos con más fuerza, asegurándose de que mantuviera el equilibrio. No solo la tranquilizaba por el simple hecho de hacerlo, sino porque era un patinador experto.
«Pon algo de música, Leif», dijo Clayton, sacando su teléfono con una mano y colgando después de la breve instrucción.
Continúa tu historia en ɴσνє𝓁α𝓼4ƒα𝓷.𝓬𝓸𝓂 para más emoción
Unos momentos más tarde, una música suave y relajante llenó la pista. La pista había estado cerrada, pero todo el equipo funcionaba perfectamente.
Clayton sonrió, disfrutando claramente del momento. Había abierto esta pista de patinaje hacía años, pero desde entonces había cerrado, quedando como su refugio privado. Venía aquí cuando necesitaba despejar la mente, tanto si estaba feliz como triste.
La suave música calmó los nervios de Emma, que se deslizó junto a Clayton sintiéndose más a gusto.
«¿Qué tal estás?», le preguntó Clayton en voz baja.
Emma sonrió y asintió. —Bien.
—¿Estás cansada? —preguntó él.
—Todavía no —respondió ella.
—De acuerdo. Dime cuando lo estés, ¿vale?
—De acuerdo.
Después de unos treinta minutos, Emma empezó a sentirse un poco cansada.
Clayton redujo la velocidad y la guió fuera del hielo.
La ayudó a quitarse los patines y a ponerse los zapatos.
.
.
.