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Capítulo 1454:
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«¿Y qué hay del niño? ¿Tampoco quieres al bebé?».
«Divorciate y ya está. Quédate con el embarazo si quieres, pero ese bebé volverá con nosotros».
«¿Estás loco? ¡Quizás deberías hacerte revisar!».
¿Ayden quería que ella renunciara a su matrimonio y actuara como una simple madre de alquiler? ¿Qué clase de monstruo podía pedir algo así?
Siempre había intentado ser paciente con los padres de Michael. No quería que las cosas se complicaran, por miedo a que Michael se viera envuelto en el fuego cruzado.
Pero ahora, para Ayden, ella no era más que alguien a quien pisotear, alguien a quien aplastar cuando le apeteciera.
Se había cansado de ser paciente.
—Este niño no tendrá nada que ver con tu familia Davies a partir de ahora.
Una risa fría resonó al otro lado del teléfono. —Bien. Pero recuerda esto: tanto si lo conservas como si te deshaces de él, no te atrevas a meter a Michael en esto. Ese niño nunca será un Davies.
Antes de que Ayden pudiera decir nada más, Dayana apretó el teléfono con fuerza y dijo:
—El juzgado. Mañana a las diez en punto.
Dayana colgó.
Emma se quedó mirando el teléfono, con la mente acelerada tratando de dar sentido a la conversación.
—¿De verdad te vas a divorciar de Michael? —preguntó.
—Sí
—Pero te esforzaste tanto en encontrarlo y traerlo de vuelta.
—Aun así, me voy a divorciar de él.
No podían seguir así.
La compostura de Dayana tomó por sorpresa tanto a Emma como a Ricky, a Ricky más que a nadie.
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El recuerdo aún estaba fresco en su mente: cómo Dayana se había cerrado completamente en banda tras enterarse de que Michael había recibido un disparo y se había perdido en el océano. No había comido ni bebido nada durante días, deambulando como un fantasma de sí misma.
«Michael no estará de acuerdo», dijo Ricky con firmeza, seguro de ello.
Dayana levantó la vista hacia él, pero no dijo nada.
Cuando llegó la hora de cenar, comió con avidez, con más energía de lo habitual, como si no hubiera probado nada decente en días.
Más tarde, antes de irse a dormir, Emma entró en silencio en la habitación de Dayana. Dayana estaba completamente despierta, apoyada en los codos, con la mirada fija en el teléfono que tenía junto a la cama.
Emma se sentó a su lado y la miró a los ojos, de un azul intenso. Una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
—¿Te apetece hablar?
—¿Sobre qué exactamente?
—Sobre cualquier cosa que tengas en mente.
Se produjo un largo y pesado silencio antes de que Dayana finalmente hablara con voz monótona.
«Háblame de Jenifer y Michael».
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