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Capítulo 1397:
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Vickie había infringido la ley y las autoridades ya estaban tras ella. Era solo cuestión de tiempo que descubrieran las pruebas que necesitaban. Tarde o temprano, la atraparían.
¿Por qué iba a tirar todo por la borda por alguien como ella?
Ricky notó que los ojos de Denny parpadeaban nerviosamente, llenos de incertidumbre. Siguiendo rápidamente el ejemplo de Emma, le advirtió: «Te lo juro, si vas en contra nuestra, te arrepentirás».
Esa era una amenaza mucho más grave que la de Emma.
Denny sabía que no había lugar para discusiones. Tomó una decisión y respondió: «De acuerdo, ayudaré».
Si se negaba, Emma y Ricky le harían la vida imposible. No tenía otra opción.
Cogió una copa de vino y se la bebió de un trago, con la esperanza de calmar sus nervios.
«¿Qué quieres que haga exactamente?», preguntó.
«Averígualo tú mismo», respondió Emma.
Sacó su teléfono, marcó el número de Denny y, tan pronto como oyó el tono de llamada, colgó. «Ese es mi número. Ponte en contacto conmigo cuando encuentres alguna prueba».
Denny gruñó en respuesta.
Mientras Ricky y Emma se levantaban para marcharse, Denny miró la botella de vino que aún estaba sobre la mesa. «Sr. Jenner, Sra. Jenner, no se olviden de pagar el vino».
Emma se detuvo y le dedicó una sonrisa pícara, casi juguetona. —Tú eres el que se lo ha bebido, no nosotros.
—¿Qué? Espera, pero…
Lo bebieran o no, Emma había pedido el vino, lo había abierto ella misma y le había servido una copa.
—¿Todos los ricos son tan tacaños? —murmuró entre dientes.
Emma se detuvo y respondió: «Si nos traes algo útil, pruebas reales, pagaré el vino. Si no recuerdo mal, esa botella nos costó veinte mil, ¿no?».
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Denny frunció los labios mientras miraba la botella abierta, con el corazón encogido.
Si no les ayudaba, ¿no acababa de perder esa botella de vino?
Era el vino más caro de su bar y solo quedaban unas pocas botellas…
¡Los ricos podían ser ridículamente tacaños!
Ricky llamó suavemente a la puerta de la sala privada. Phil y Fred, que habían estado haciendo guardia, se hicieron a un lado y abrieron la puerta. Ricky se dio la vuelta, tomó la mano de Emma y la guió hacia fuera.
Una vez de vuelta en el coche, Ricky no podía dejar de pensar en la facilidad con la que Emma había amenazado a Denny antes. Casi le dieron ganas de reírse.
«¿Dónde aprendiste eso?», le preguntó.
Emma se frotó ligeramente el estómago y susurró: «De ti».
«¿Yo te enseñé eso?».
«Lo aprendí simplemente estando contigo».
«Bueno, vale, entonces».
Su mujer había cambiado mucho. Esa noche, él no había hecho gran cosa, solo había desempeñado el papel de tipo duro.
«Vamos», dijo.
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