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Capítulo 1314:
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Michael se dejó caer en el sofá, abrió una pitillera, se colocó un cigarrillo entre los dientes y habló con él en la boca. «Salvaste a Dayana. Considera esto como una recompensa».
Travis no respondió de inmediato. Dejó el expediente sobre la mesa de centro y se sentó en el sillón frente a Michael.
«Esto no es necesario».
«Elsa dijo que Evie movió los dedos», continuó Michael.
Travis asintió levemente. Michael insistió: «¿Está despertando?».
«Eso es lo que creen los médicos».
«Si lo hace, las facturas se dispararán: especialistas, terapia a largo plazo y todo lo que sigue a un coma. Además de eso, tu casino está cerrado. Eso debe de ser doloroso».
Travis ladeó la cabeza y una lenta sonrisa se dibujó en sus labios. —Sr. Davies, ¿está tratando de darme limosna?
—En absoluto.
—Entonces, ¿qué es esto?
—Llámelo una inversión estratégica.
Travis no respondió, pero el peso de su silencio se cernió entre ellos.
—La enfermedad de Dayana podría reaparecer. Su tipo de sangre es tan raro que quizá seas el único compatible. Propongo un alto el fuego. ¿Por qué no hacemos un trato?
Travis no pasó por alto el mensaje implícito: Michael lo estaba declarando oficialmente la red de seguridad viva de Dayana, su donante de sangre incorporado.
—No tienes por qué llegar tan lejos —repitió Travis.
Incluso si Ricky no le hubiera obligado, habría salvado a Dayana. Su conexión no era profunda, pero era real, y eso era suficiente. —Es mejor estar a mi lado que enfrente, ¿no crees?
Travis y Michael, que antes eran rivales acérrimos, ahora podían ser socios en los negocios. Michael había llegado a apreciar a Travis, no solo por rescatar a Dayana, sino también porque Elsa había descongelado algo en él.
El hombre que antes se enfurecía ante la idea de tener hijos, ahora los veía como una especie de maravilla.
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Tras una larga pausa, Travis volvió a coger el acuerdo y estudió sus cláusulas con seriedad.
—De acuerdo. Tienes un socio.
Michael asintió secamente. —Ahora Paradise es tuyo.
Travis levantó la vista. —¿Y tú?
—¿Yo? Es hora de dirigir el imperio familiar.
«Me parece justo».
Sin decir nada más, Travis cogió un bolígrafo y firmó con un trazo fluido.
Mientras tanto, Dayana y Elsa se habían perdido en el intrincado mundo de los bloques de construcción mientras armaban un barco pirata. Por la noche, Travis se marchó con Elsa a cuestas.
Dayana se quedó en el sofá, con la mirada fija en el modelo del barco terminado. Después de un momento, miró a Michael y le preguntó: «¿Cuándo me llevarás al mar?».
Michael se acercó, se inclinó y le dio un beso en la frente. «Cuando te sientas mejor».
«Ya me siento bien».
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