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Capítulo 1250:
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«Nada».
«Aún no me has dicho qué intentabas oler».
«El aroma de otra mujer», respondió Emma con naturalidad.
Ricky la miró fijamente, momentáneamente sin palabras.
«Tu ropa tenía un ligero aroma a perfume anoche», añadió ella.
Él frunció el ceño. «¿Qué eres, un sabueso?».
Se había fumado tres cigarrillos seguidos solo para ocultar el aroma. Ni siquiera él podía detectarlo, pero, de alguna manera, ella sí.
Emma le lanzó una mirada severa, se soltó de su agarre e intentó de nuevo ir al baño.
Ricky la detuvo de nuevo, rodeándole la cintura con los brazos.
—¿No tienes curiosidad por escuchar mi explicación?
—Ya me engañaste una vez anoche.
La confianza de Ricky vaciló por un breve segundo.
—No intentaba engañarte —murmuró. «Solo quería evitar que le dieras demasiadas vueltas. El estrés no es bueno para el bebé».
«Demasiado tarde. Ya le he dado vueltas todo el día», dijo Emma, frunciendo los labios.
«Lo siento. Me equivoqué», admitió Ricky, abrazándola con más fuerza. Bajó la cabeza y besó sus labios fruncidos. «Sé que me equivoqué. No volverá a pasar», prometió con voz firme.
—¿De verdad reconoces tu error?
Ricky asintió enérgicamente. —Sí, sí. Lo reconozco. Me equivoqué mucho. Estaba siendo sincero al admitir sus errores.
Emma pensó por un momento y preguntó: —Entonces dime, ¿quién era la mujer con la que estabas ayer en el evento social?
—Gail Lyons —respondió Ricky con sinceridad.
Emma arqueó una ceja. —¿Gail, de la sucursal de ApexGlobal Group?
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Ricky asintió. —Tienes razón.
Emma lo miró. —¿Solo ella? ¿Ninguna otra mujer?
—Sí, solo ella.
—¿Estás seguro de que no hay ninguna otra mujer?
Ricky miró a Emma directamente a los ojos, con expresión sincera. —Ninguna otra mujer —repitió con firmeza—. Y te garantizo que no pasó nada entre ella y yo.
Emma quería mencionar la marca de pintalabios. Pero cuando abrió la boca, las palabras se le quedaron en los labios.
Pensó que Gail había dejado deliberadamente la marca de pintalabios, tal vez como una maniobra calculada para causar problemas. Probablemente Ricky ni siquiera se había dado cuenta.
—Sabes que no me gusta que me mientas.
—Lo sé, y siempre lo recuerdo.
«Entonces, ¿cómo debo castigarte por mentirme ayer?».
Ricky apretó los labios con fuerza, sorprendido de que ella aún quisiera castigarlo.
La miró fijamente durante un rato y empezó a intentar convencerla. «¿Podemos saltarnos el castigo?».
Emma negó con la cabeza con firmeza. «Si no te castigo, ¿cómo aprenderás la lección?».
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Nota de Tac-K: Linda mañana amadas personitas, que tengan un tiempo muy muy bonito. Dios les ama y Tac-K les quiere mucho. (=◡=) /
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