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Capítulo 1232:
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Manteniendo la voz firme, dijo: «Confía en mí. Sé lo que hago».
«¿Cómo piensas manejarlo exactamente?».
«No preguntes. Déjalo en mis manos».
Las lágrimas corrían por el rostro de Dayana. Se había contenido durante demasiado tiempo y ahora todo salía a borbotones. «Ya no estamos juntos. ¿Lo has olvidado?».
«No».
«Entonces, ¿qué estás haciendo?».
«Te estoy llevando a casa».
«¿Y tu padre?».
«No me importa lo que piense. Tú eres la única que me importa».
Dayana se secó las lágrimas, pero ninguna palabra de consuelo podía cambiar la realidad. Su estado empeoraba demasiado rápido.
El dolor se extendía por todo su cuerpo, profundo e implacable. Le dolían las costillas. También la columna vertebral.
Había estado tomando medicamentos para mantener el dolor a raya. Cuando estaba con otras personas, conseguía aparentar que estaba bien. Pero después de una borrachera que le impidió tomar sus pastillas durante todo un día, su cuerpo se rindió por completo y el dolor se volvió insoportable.
El cuchillo que había cogido para Michael casi le había costado la vida. Pensaba que la recuperación la había puesto en terreno firme, pero ahora su estado se estaba descontrolando.
Su tipo de sangre era raro. Si Travis no intervenía para salvarla y las cosas empeoraban, sabía que no habría salida.
«Hay muchas mujeres en el mundo. ¿Por qué pierdes el tiempo conmigo? A Jenifer y Claire les gustas. Ellas están sanas».
Decir esas palabras fue como reabrir una vieja herida.
Michael sintió un nudo en la garganta. Quería responder, pero no le salían las palabras.
Puede que hubiera innumerables mujeres en el mundo, pero solo una le importaba. Solo una ocupaba un lugar en su corazón que nadie más podía llenar. No importaba con quién hubiera estado antes. El pasado había terminado. Dayana era diferente a las demás mujeres.
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Ella había estado allí cuando todo se derrumbó. Durante sus peores momentos, nunca lo abandonó. Durante tres meses, compartieron el mismo espacio. Ella lo cuidó, lo animó y nunca vaciló, incluso cuando su temperamento pudo más que él. Su paciencia y amabilidad lo sacaron del abismo.
Ella le había dado una razón para seguir adelante.
A diferencia de Jenifer, que lo abandonó cuando más la necesitaba, Dayana era una presencia única e irremplazable en su vida.
Era el tipo de mujer que estaría a su lado tanto en los triunfos como en las dificultades.
Dejarla ir nunca fue una opción.
—Michael, déjame en el suelo. Vete a casa, haz caso a tus padres y encuentra a alguien con quien compartir una vida normal. Cásate. Ten hijos.
—No quiero eso. Te quiero a ti.
—Ya no hay salvación para mí.
—Haré que Travis te ayude. Te lo prometo. Confía en mí, ¿vale?
Las lágrimas corrían por el rostro de Dayana. —Solo te haré daño.
«No me da miedo eso. Confía en mí solo esta vez. Lo digo en serio. No te va a pasar nada».
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