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Capítulo 1186:
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Zeke tenía buen aspecto, a pesar de tener una mano esposada a la cama. No parecía molestarle. Su atención estaba puesta en Romina, con una sonrisa pícara en los labios.
Emma exhaló, y la tensión de sus hombros se alivió. Estaba bien.
Ricky abrió la puerta y la dejó entrar.
Zeke ya sabía que Emma estaba a salvo. Había estado esperando este momento, imaginando lo que diría cuando ella finalmente cruzara la puerta. Pero cuando lo hizo, todas las palabras que había ensayado se desvanecieron. Su sonrisa se desvaneció.
La culpa le oprimía el pecho. Después de todo lo que había hecho, ¿merecía siquiera sonreír delante de ella?
Abrió la boca, pero no le salieron las palabras.
Emma se quedó quieta, con la mirada fija en él. Entonces, de repente, dio un paso adelante y lo abrazó.
Zeke se quedó rígido, tomado por sorpresa.
«Me alegro de que estés bien».
Su voz era suave y su mano cálida mientras le daba unas palmaditas suaves en la espalda.
La visión de Zeke se nubló cuando la emoción le llenó los ojos. Nunca imaginó que Emma lo abrazaría tan cálidamente, con una voz tan tierna.
¿Realmente lo había perdonado? ¿Finalmente lo había aceptado?
Su corazón latía con fuerza, en una mezcla de esperanza e incredulidad. Abrió los labios, tratando de llamarla.
Emma respondió con un suave murmullo. Enderezándose, extendió la mano para acariciarle la cabeza. «Cuídate», le dijo. «No importa cuántos años pases en la cárcel, yo estaré aquí, esperando a que regreses».
Esta vez, Zeke no pudo contener las lágrimas.
Las lágrimas eran algo poco habitual en Zeke.
Pero en ese momento, brotaron libremente, resbalando por su rostro.
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Por primera vez en su vida, tenía una familia.
«Emma».
Ella asintió con la cabeza.
«Emma».
—¿Qué?
Zeke se secó las lágrimas y soltó una pequeña risa. —Solo quería decir tu nombre.
Repitió su nombre una y otra vez.
Y ella respondía con un murmullo cada vez que lo hacía.
Romina, que observaba su reencuentro, se secó los ojos.
Al ver que Zeke seguía tan emocionado, se acercó y le acarició el brazo. —Ya basta.
Zeke se rió entre dientes. Se acercó a ella, le rodeó el cuello con el brazo y la atrajo hacia sí para darle un largo beso en los labios.
Esta vez, su voz era firme. —Lo prometiste, ¿verdad? Esperarás a que salga.
—Te esperaré.
No importaba cuánto tiempo tardara, Romina estaba decidida a esperar a que Zeke saliera de la cárcel.
Pero Zeke no podía quitarse de encima su inquietud. Se enfrentaba a años entre rejas, tiempo suficiente para cambiar por completo a una persona.
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