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Capítulo 1102:
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Ayden estaba de pie en el pasillo, sosteniendo el teléfono, cuya pantalla aún mostraba la llamada de Ricky. Se lo entregó a Michael, echando un breve vistazo a la habitación. Los destrozos en su interior eran evidentes: Michael había destrozado todo lo que había a la vista.
Sin decir una palabra, Ayden se alejó y ordenó a las criadas que limpiaran el desastre.
Michael cogió el teléfono y se retiró al estudio, cerrando la puerta tras de sí.
Sentado en el sofá, se llevó el teléfono al oído y murmuró un saludo suave y cansado.
Ricky, al oír la monotonía en la voz de Michael, intuyó inmediatamente que algo iba mal.
«¿Qué pasa?», preguntó.
«Dayana ha roto conmigo».
Ricky se quedó momentáneamente atónito. «¿Por qué?».
«Quiere estar con Travis», dijo Michael con voz hueca. «Travis puede salvarla».
Ricky nunca imaginó que sucederían tantas cosas en tan poco tiempo durante su luna de miel con Emma.
La noticia fue tan repentina que, por un momento, le costó encontrar las palabras adecuadas para consolar a Michael.
«Solo quiero dejar claro que es ella la que ya no me quiere, no al revés», dijo Michael con amargura. «No he hecho nada para ofenderla».
Ricky soltó un profundo suspiro, sintiéndose abatido.
Al ver su expresión preocupada, Emma le preguntó con inquietud: «¿Qué pasa?».
«Nada».
«Parece que algo te preocupa».
Mientras hablaba, Emma se acercó, se inclinó y le rodeó el cuello con los brazos.
«Deja que Dayana se centre primero en su recuperación. Podemos hablar de todo lo demás cuando vuelva», le aseguró Ricky a Michael.
«Debería haber salido del hospital para cuando volváis».
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«Lo entiendo».
Ricky no dijo nada más, no queriendo agobiar a Emma con la noticia, y terminó la llamada con Michael.
«¿Qué pasa con Dayana?», preguntó Emma mientras se enderezaba, con evidente confusión. «¿Era Michael quien estaba al teléfono?».
—Sí.
—¿Es grave el estado de Dayana?
—No es nada importante. No te preocupes.
—No me mientas.
Ricky se rió entre dientes, sentó a Emma en su regazo y le dio un beso en la mejilla. —¿Cómo podría mentirle a mi hermosa esposa?
Ocultó sus emociones con maestría, sustituyendo la tristeza de su rostro por una cálida sonrisa.
Emma decidió no insistir más. Le rodeó los hombros con el brazo y le dijo en tono burlón: «Ya han pasado tres meses de embarazo. ¿Por qué sigues conteniéndote?».
Esto no era propio del Ricky que ella conocía.
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