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Capítulo 1075:
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«¿Entiendes ahora por qué te llamé egoísta?».
Travis volvió a coger su vaso y se terminó la bebida. Mientras se servía una tercera, notó que Dayana se movía en su asiento. Finalmente, ella rompió el silencio.
««Antes dijiste que podías salvarme. ¿Hablabas en serio?».
«No te mentiría sobre esto», respondió Travis, con un tono tranquilo pero firme. Dejó la botella sobre la mesa e invitó a Dayana a que se uniera a él para tomar una copa.
Dayana dudó, recordando que Michael nunca le permitía beber. Al final, no cogió la copa que había sobre la mesa.
«¿Puedes ayudarme?», preguntó Dayana.
«¿Y qué obtengo a cambio si te ayudo?».
«¿Qué quieres?».
«A ti», respondió Travis directamente.
Dayana negó con la cabeza enérgicamente. «Puedes pedirme cualquier otra cosa».
«No necesito nada más en este momento. Solo una esposa».
«No». Dayana se negó rotundamente. Nunca traicionaría a Michael, ni siquiera si eso le costara todo.
«Esta es mi única condición. Te daré tiempo para pensarlo. Una semana. Tienes una semana para decidirte. Después de eso, si quieres que te salve, tendré que reconsiderarlo».
Las palabras de Travis resonaban dolorosamente en su mente, cada una como una pesada piedra que se asentaba más profundamente en su pecho. Por mucho que lo intentara, no podía quitárselas de la cabeza.
¿Qué pensarían los padres de Michael si supieran su situación? Probablemente le dirían que rompiera con Michael sin dudarlo.
—Ha pasado media hora —le recordó Travis.
Su voz la devolvió a la realidad. No se había dado cuenta de cuánto tiempo había pasado.
De repente, el pánico se apoderó del corazón de Dayana. La habían sacado a la fuerza de Paradise sin su teléfono, sin saber qué hora era.
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Cuando Travis finalmente le dijo la hora, su voz tranquila solo hizo que su corazón latiera más fuerte. Cada segundo parecía una eternidad, y su ansiedad crecía con cada tic-tac del reloj.
—Mi coche ya se ha ido. Incluso si Michael consigue encontrar este lugar, tendrá que buscar en toda la calle, tienda por tienda. Le queda un largo camino por recorrer. ¿Una hora? Realmente lo has sobreestimado.
Travis parecía tranquilo y seguro. Lo había planeado todo cuidadosamente y estaba seguro de que Michael no encontraría a Dayana en tan poco tiempo.
Quizás lo más rápido posible serían dos horas. Al fin y al cabo, Michael no era cualquiera.
Travis se dio cuenta de que Dayana se había puesto aún más pálida y que le temblaban ligeramente las manos. Sonrió con complicidad.
«¿Te da miedo empezar a desvestirte?».
«Él vendrá», dijo Dayana con confianza, ignorando su pregunta.
«Bueno, tal vez lo haga. Pero no a tiempo».
La certeza en su tono solo hizo que Dayana se sintiera más ansiosa.
El reloj seguía corriendo. Otra media hora pasó en un abrir y cerrar de ojos.
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