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Capítulo 1028:
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Sus palmas se posaron sobre el pecho de él, y el calor de su sólido cuerpo se irradiaba a través de la camisa. Intentó empujarlo, pero él la sujetó con firmeza.
—¿Qué estás haciendo?
Levantó los ojos para mirarlo. Sus rasgos afilados y sus ojos penetrantes le provocaron un cosquilleo en el pecho.
—Dra. Ramos, ¿me echabas de menos? ¿Por eso no me dejaste marchar?
—Déjame ir.
—¿Me echabas de menos?
—No.
—Entonces, ¿por qué me hiciste quedarme?
—Para cenar.
Zeke se quedó quieto.
Había estado fuera tanto tiempo que Romina no podía evitar preocuparse por si comía o dormía bien.
No sabía explicar muy bien por qué estaba tan preocupada, pero la idea de que él viviera en peligro constante, siempre huyendo de la policía, la llenaba de una ansiedad inquebrantable.
—¿Sabes qué día es hoy? —preguntó Zeke.
—Por supuesto que lo sé.
Las chicas del trabajo habían alardeado de sus ramos y regalos, una exhibición que ella no podía ignorar. Sin embargo, cuando terminó su turno, no había nadie esperándola. Ni flores, ni regalos, solo un doloroso sentimiento de soledad.
Tenía veintiséis años, era mayor que la mayoría de sus compañeras y seguía soltera.
Anhelaba tener novio.
De camino a casa, ese pensamiento rondaba su mente.
La palabra «novio» parpadeaba en su mente, pero el rostro que aparecía ya no era el de Clayton, sino el de Zeke.
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Se dio cuenta de que se había enamorado de él, un hombre más joven que ella, con una recompensa por su cabeza.
A pesar de saber que era un fugitivo, no podía dejar de pensar en él.
«En un día como este, ¿me has retenido aquí porque te gusto?».
Zeke no hizo ningún esfuerzo por ocultar sus emociones, con sus ojos oscuros fijos intensamente en el rostro de Romina.
Ella apartó la mirada, retorciéndose ligeramente entre sus brazos antes de quedarse repentinamente quieta. Bajó la cabeza y apoyó suavemente la cara contra su pecho.
Él se tensó y su corazón se aceleró.
—Si te dijera que me gustas, ¿me prometerías un futuro? —preguntó Romina en voz baja.
Zeke contuvo el aliento.
—¿De verdad te gusto?
—Sí. Por mí, ¿te entregarías? ¿Me esperarías?
—Lo haría.
—Entonces lo haré.
Zeke apretó los brazos alrededor de Romina, con la mejilla apoyada suavemente contra su hombro.
El calor de su suave cuerpo y el leve aroma de su cabello lo envolvieron, haciéndole casi imposible soltarla.
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