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Capítulo 954:
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Aún inquieta, Heather se dirigió hacia la sala.
Para su sorpresa, se encontró con una mujer delicada de rostro juvenil. La mujer parecía estar recuperándose; todavía llevaba puesta una bata de hospital. En cuanto vio a Heather, pareció sorprenderse.
«¿Eres tú?».
Heather frunció el ceño, completamente confundida. No recordaba haberla visto antes, así que ¿por qué…?
«¿Quién eres? ¿Nos conocemos?».
La mujer pareció ligeramente sorprendida. Se llevó una mano a la cara, luego sonrió y negó con la cabeza mientras respondía en voz baja: «Lo siento. Tengo una amiga que se parece a ti. Debo de haberte confundido».
Aún confundida, Heather asintió y siguió a la enfermera hasta su habitación.
Después de que Heather desapareciera en el interior, la mujer se dio la vuelta, entrecerrando los ojos mientras una sonrisa se dibujaba en ellos.
Era Talia.
Cuando Talia cayó por el acantilado, sufrió innumerables lesiones en la cara y el cuerpo. Estaba segura de que moriría, hasta que Tucker la encontró.
Después de tres días en coma, despertó y descubrió que tenía la cara y el cuerpo envueltos en gruesas vendas. Los médicos le dijeron que, aunque había sobrevivido, su rostro quedaría desfigurado de forma permanente.
La cirugía plástica en su país no era suficiente para restaurar completamente su apariencia.
Sin otra opción, Tucker la envió a Corea del Sur. Cada día soportaba un dolor insoportable y un brutal proceso de rehabilitación. Pero al final, mereció la pena. Con un rostro nuevo e impecable, nadie podía reconocerla.
Ni siquiera Heather.
Eso por sí solo demostraba su éxito.
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En cuanto a Annabel… podía esperar y ver qué pasaba.
Después de deshacer las maletas, Heather se sentó en la cama y repasó el encuentro en su mente.
Nunca había visto a esa mujer antes… ¿por qué le resultaba extrañamente familiar? ¿Se habían conocido en algún lugar en el pasado?
Cuando la enfermera se disponía a marcharse, Heather la detuvo. «Disculpe, espere un momento».
«Sí, señora. ¿En qué puedo ayudarla?».
Heather dudó y luego miró hacia la puerta. «Quería preguntarle… ¿quién es la mujer que acabo de conocer?».
La enfermera mantuvo su sonrisa profesional. «Llegó aquí hace unos meses. Su cirugía es muy compleja. Ya se ha recuperado lo suficiente como para caminar, pero aún no puede salir del hospital. Ah, y por cierto, es su compañera de habitación. Ustedes dos vivirán juntas».
«…juntas por un tiempo. Sin embargo, si su estado se mantiene estable, pronto saldrá del hospital».
«Oh… gracias». Heather asintió pensativa, le dio las gracias a la enfermera y se acostó a descansar.
Pero su tranquilidad no duró mucho.
Unas horas más tarde, su teléfono no paró de sonar.
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