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Capítulo 883:
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Peor aún, su pierna derecha había resultado gravemente herida en el terremoto. Temía quedar discapacitado para el resto de su vida.
No podía arrastrar a Anika a eso.
Sabía que no la merecía y no podía soportar la idea de convertirse en una carga para ella.
«¿Y qué?», Jared esbozó una sonrisa burlona.
Tras una breve pausa, dijo con frialdad: «Yo rompí con ella. El terremoto es mi carga. Nunca le pedí ayuda ni le pedí que viniera a rescatarme. Aunque llorara y casi se matara tratando de encontrarme, eso no tiene nada que ver conmigo. Fue su elección».
Anika levantó la cabeza y lo miró fijamente, con los ojos muy abiertos, la incredulidad vaciándole el pecho. No podía aceptar lo que estaba oyendo.
¿Por qué?
¿Qué había convertido a Jared en esta persona?
Annabel frunció el ceño, dispuesta a hablar, pero Marcel no pudo contenerse más.
Se puso de pie de un salto y miró a Jared con ira mientras le señalaba con el dedo acusador. «¡Jared, no seas tan desagradecido!».
Jared se burló, mirando a Marcel con desprecio. «¿Y qué vas a decir? ¿Sigues intentando defender a Anika?».
«Tú…». El rostro de Marcel se sonrojó de rabia. Incluso levantó el puño, pero Annabel intervino de inmediato.
Le agarró la muñeca y le dijo con firmeza: «Cálmate. Hablaremos de esto más tarde, cuando regresemos a Douburgh».
Annabel había oído mucho sobre Jared por parte de Anika, y no podía quitarse de la cabeza la sensación de que había algo más detrás de esa repentina crueldad.
A regañadientes, Marcel volvió a sentarse, aunque sus ojos aún ardían de ira.
Anika quería presionar a Jared para que le diera respuestas, pero él simplemente cerró los ojos y la ignoró.
Annabel sintió una punzada de tristeza al ver la expresión devastada de Anika.
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Tres horas más tarde, el avión finalmente aterrizó y salieron del aeropuerto.
Durante el trayecto al hospital, Jared mantuvo los ojos cerrados y permaneció en silencio, negándose a decir una sola palabra a Anika.
Una vez que Jared estuvo instalado en su habitación, Annabel finalmente exhaló un largo suspiro.
Anika, todavía tensa por la preocupación, preguntó: «¿Cuándo llegará Chayce? La pierna de Jared…».
Marcel no pudo contenerse más y espetó: «Ese tipo se merece un puñetazo por cómo te ha tratado. ¿Por qué sigues preocupándote por él?».
«Para». Annabel frunció el ceño y miró a Marcel con severidad. «Si no tienes nada más que hacer, puedes volver a la empresa».
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Annabel acompañó a Marcel fuera del hospital con delicadeza.
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