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Capítulo 880:
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«¿Te vas mañana a Douburgh?», preguntó Rupert. Tenía una revista financiera en las manos mientras la observaba ocupada.
«Sí. La lesión de Jared no puede esperar más», respondió Annabel, volviéndose hacia Rupert con una pequeña sonrisa.
Una idea repentina se encendió en los ojos de Rupert. Dejó la revista a un lado, se acercó por detrás y la rodeó con los brazos por la cintura. —Mañana iré contigo.
—Ni hablar —Annabel negó con la cabeza—. No puedes marcharte tan pronto. Has venido a Dorhedge para ayudar a las víctimas del terremoto, así que deberías quedarte unos días más. Si te vas ahora mismo, Candace podría sospechar.
Rupert la abrazó con más fuerza, atrayéndola hacia él. —¿No quieres que te acompañe?
La repentina cercanía hizo que el corazón de Annabel se acelerara.
Su cálido aliento le rozó el cuello, provocándole un escalofrío ardiente y hormigueante. Se sonrojó.
¿Cómo podía coquetear con ella allí?
Jared seguía en la sala.
Annabel rápidamente tomó a Rupert de la mano y lo llevó al pasillo. —Sí que quiero que te quedes conmigo, pero esto es importante. Recuerda que Cody probablemente esté relacionado con el accidente de tu padre y que ha recurrido a Ellis, quien tiene una estrecha relación con Candace.
—Tienes razón. —La expresión de Rupert se volvió solemne al recordar la misteriosa muerte de su padre.
Como hijo suyo, Rupert tenía la responsabilidad de descubrir la verdad.
Pero no podía soportar estar lejos de Annabel.
Ni siquiera por un segundo.
Levantó una mano y le acarició suavemente la mejilla y el lóbulo de la oreja. Entonces, incapaz de resistirse más, se inclinó y besó los labios que había echado de menos día y noche. La rodeó con fuerza por la cintura mientras la besaba con lenta paciencia, suave y con cuidado.
—Mm…
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Annabel se sintió incómoda al principio, pero pronto se encontró respondiendo al beso de Rupert.
Cuando Rupert oyó su suave gemido, su corazón dio un vuelco y profundizó el beso. Separó sus labios y la saboreó lentamente, disfrutando de la dulzura que había echado de menos. La familiar sensación solo le hizo desear más.
Después de lo que pareció una eternidad, finalmente se separaron.
Annabel tenía las mejillas sonrojadas. Bajó la cabeza, de repente tímida.
Rupert la observó, con una leve sonrisa en la comisura de los labios. «¿Te das cuenta de que cada vez hay más química entre nosotros, especialmente cuando nos besamos?».
Annabel se quedó sin palabras.
Este hombre se estaba volviendo cada vez más descarado.
Ella puso los ojos en blanco. «Esto es un hospital. ¿No te da miedo que alguien nos vea?».
Rupert levantó una ceja, totalmente seguro de sí mismo. —¿Por qué iba a tenerlo? Es legal besar a mi esposa.
Hizo una pausa, luego le tomó los hombros con las manos y la miró con una intensidad que le cortó la respiración. —Annabel, quiero que te cases conmigo mañana. No puedo esperar más.
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