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Capítulo 827:
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«No, abuelo. ¿Qué necesitas?», repitió Rupert, con evidente preocupación.
«No es nada grave», respondió Bruce, forzando una calma poco natural. «Solo quería preguntarte qué piensas hacer con tu madre y Cathy».
La expresión de Rupert se endureció al mencionarlas. «Abuelo, no dejaré que se salgan con la suya por lo que te hicieron. No te preocupes. No tendrán oportunidad de volver a hacerte daño».
«¿Piensas mantenerlas encerradas de por vida?», preguntó Bruce, con tono severo.
Rupert soltó una risa fría y sin humor. «¿Y por qué no debería hacerlo?».
«Erica sigue siendo tu madre», dijo Bruce, con palabras pesadas y sin emoción. «Déjalas salir en unos días».
Rupert se quedó paralizado.
¿Había oído bien?
Después de todo lo que Erica y Cathy habían hecho… ¿Bruce quería que las liberara?
«¿Por qué, abuelo?», preguntó Rupert por fin, con voz baja, plana y confusa.
Bruce exhaló profundamente. «Me estoy haciendo viejo, Rupert. Solo quiero paz. Erica y Cathy saben que se equivocaron. Dales una oportunidad para arrepentirse».
El silencio se extendió entre ellos.
Finalmente, Rupert habló, forzando las palabras a pasar por el nudo que tenía en el pecho. —De acuerdo. Lo entiendo.
—Gracias —Bruce terminó la llamada.
Se quedó mirando la pantalla oscura durante un largo rato, con el rostro impenetrable.
No sabía si había tomado la decisión correcta, solo que no podía permitir que Rupert descubriera la verdad enterrada en el pasado de la familia Benton.
Rupert seguía desconcertado por el repentino cambio de opinión de su abuelo, normalmente tan decidido, sobre la liberación de Erica y Cathy. No le encontraba ningún sentido.
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Annabel se dio cuenta de su silencio y le preguntó con recelo: «¿Qué pasa?».
Sacudiéndose sus pensamientos, Rupert respondió secamente: «El abuelo quiere que libere a mi madre y a Cathy».
«¿Por qué?», preguntó Annabel, igual de perpleja.
Rupert negó con la cabeza, con una expresión de frustración en el rostro. —No tengo ni idea. Dice que quiere darles una oportunidad para arrepentirse.
¿Arrepentirse?
Annabel se burló de la idea. Erica y Cathy habían envenenado a Bruce sin mostrar ni una pizca de remordimiento. ¿De verdad Bruce creía que iban a cambiar de opinión de repente?
—¿Tú te lo crees? —preguntó ella, con evidente escepticismo en el tono de voz.
La mirada de Rupert se endureció. —Lo crea o no, tengo que cumplir los deseos del abuelo.
—¿Y si vuelven a causar problemas? —La preocupación de Annabel era palpable.
«No les daré otra oportunidad», dijo Rupert con determinación. «Haré que mis hombres las vigilen de cerca».
Annabel asintió, perdida en sus pensamientos. No podía entender el motivo de Bruce para dejar marchar a las dos mujeres. No era propio de él. Quizás la edad lo había ablandado.
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