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Capítulo 817:
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«De acuerdo. Déjela ahí y prepare un regalo para que yo lleve», dijo Rupert con indiferencia. Tenía que asistir por cortesía.
«Entendido, señor. Si eso es todo, me voy».
Finley se dio la vuelta para marcharse, pero la voz grave y magnética de Rupert lo detuvo. «¿Ha venido Annabel a trabajar?».
—¿La señorita Hewitt? —Finley se volvió—. No, señor. Ha solicitado un permiso.
—Entiendo. Puedes irte.
Rupert frunció ligeramente el ceño.
¿Seguía Annabel con Anika?
Tras pensarlo un momento, sacó su teléfono y llamó a Annabel.
Annabel estaba desayunando con Anika en una tetería cerca del hotel cuando sonó su teléfono.
Al ver el nombre de Rupert en la pantalla, respondió sin dudarlo. —Hola, ¿qué pasa? —preguntó con calma.
¿Por qué la llamaba tan temprano?
—¿Necesito una razón para llamarte? —preguntó Rupert, claramente molesto. Luego, su tono se endureció—. Dime, ¿no echas de menos…?
Annabel se detuvo, confundida por su repentina actitud. ¿Qué le pasaba?
«Estoy ocupada», respondió ella.
Anika todavía estaba devastada tras la ruptura, y Annabel había intentado animarla sin éxito.
No podía presumir de su relación con Rupert delante de Anika en un momento como ese. Solo haría que su amiga se sintiera peor.
Insatisfecho con su seca respuesta, la mirada de Rupert se desvió hacia la invitación que había sobre su escritorio. En voz baja, preguntó: «¿Quieres acompañarme a la gala de aniversario del Grupo Norman pasado mañana por la noche?».
«No creo que sea una buena idea», respondió Annabel sin pensarlo dos veces.
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No le interesaba nada relacionado con el Grupo Norman, y mucho menos su aniversario.
Y lo que era más importante, no tenía intención de darle a Heather otra oportunidad de tenderle una trampa.
—¿No quieres pasar tiempo conmigo? —preguntó Rupert con frialdad.
Annabel podía percibir la decepción en su tono. Antes de que él pudiera malinterpretarlo, se apresuró a explicar: —Recuerda que, para todos los demás, seguimos peleándonos. Si apareces conmigo del brazo, arruinarás nuestro plan.
Tras una breve y incómoda pausa, añadió: —Esta tarde iré al hospital a ver cómo está tu abuelo. Si todo va bien, le darán el alta. No te olvides de recogerlo y de dar la actuación de tu vida conmigo.
—¿Actuación? —Rupert frunció el ceño.
—Sí —Annabel esbozó una leve sonrisa—. Sabes perfectamente a qué me refiero.
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