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Capítulo 706:
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Era cuidadoso, casi reverente, como si ella fuera algo precioso.
Annabel soltó un pequeño suspiro. «No tienes por qué ser tan delicado. No soy tan frágil como crees».
«Pero tus moretones me desgarran el corazón», soltó sin dudar.
Annabel se quedó paralizada y luego sus mejillas se sonrojaron rápidamente.
Rupert se percató de su reacción.
Sus miradas se cruzaron y, por un momento, el aire pareció detenerse.
—Bueno… —comenzó Annabel, tratando de aliviar la repentina incomodidad.
Antes de que pudiera decir nada más, Rupert le puso una mano en la nuca y la besó.
Fue un beso tierno, cuidadoso, algo que no era propio de él. La abrazó con delicadeza, sosteniéndola para que no se esforzara, como si temiera hacerle daño.
Annabel contuvo el aliento y su mente se quedó en blanco ante la suavidad de su tacto.
En ese momento, la voz de Anthony los interrumpió. —¡Señorita Hewitt, está despierta! He estado muy preocupado durante los últimos dos días. ¡No podía comer ni dormir!
Anthony había descubierto cierta información sobre Candace y quería contársela a Annabel, pero no podía localizarla. Temiendo que le hubiera pasado algo, preguntó…
…preguntó por ahí y se enteró de que estaba en el hospital. En cuanto Anthony supo por el médico que Annabel había despertado, corrió directamente a su habitación.
Cuando abrió la puerta, se quedó paralizado al ver a dos personas besándose en una habitación que de repente le pareció demasiado íntima.
Se produjo un silencio incómodo.
«Dios mío», soltó, con el rostro rígido. «Lo siento. Debo de haberme equivocado de habitación. Siento interrumpir. ¡Adiós!».
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Se dio la vuelta y se retiró presa del pánico, preguntándose por qué había estado tan nervioso que ni siquiera se le había ocurrido llamar a la puerta.
Anthony estaba a punto de salir corriendo por el pasillo cuando, sonrojada, Annabel empujó a Rupert. Rupert se quedó un momento, reacio a soltarla.
Evitando la mirada de Rupert, Annabel miró hacia la puerta, donde Anthony estaba de espaldas a ellos.
Era humillante.
Se aclaró la garganta y dijo: «Adelante».
Anthony se dio la vuelta, con las mejillas aún tensas por la vergüenza. «Lo siento, señor Benton. Necesito hablar con la señorita Hewitt sobre algo».
Luego miró a Annabel y dijo con seriedad: «Ha sido culpa mía. La próxima vez llamaré a la puerta en lugar de entrar sin más». »
Annabel se sintió aún más avergonzada por su sincera disculpa. Se desplazó hacia un lado, poniendo algo de distancia entre ella y Rupert.
Intentó parecer serena, pero Rupert se fijó en que sus orejas se habían puesto rojas de timidez.
No pudo evitarlo: se le escapó una risita. Se recostó con los brazos cruzados, en silencio, pero sin apartar de ella su aguda mirada.
—Toma, prueba esto —Anthony se apresuró a suavizar las cosas y sacó un recipiente—. He preparado esta sopa especialmente para ti, para ayudarte a recuperar energías. Te sentará bien.
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