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Capítulo 517:
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A regañadientes, Rupert cedió. «Está bien, puedes venir».
«Ron, eres muy amable conmigo», dijo Candace, dedicándole una sonrisa agradecida antes de lanzar una mirada desafiante a Annabel.
Annabel observaba desde un lado, sintiendo una punzada de incomodidad.
Los tres caminaron hacia el garaje, listos para salir hacia la reunión.
Rupert abrió la puerta del coche y le ofreció el asiento del copiloto a Annabel, pero Candace rápidamente la apartó. —Yo me sentaré aquí. Me mareo si me siento en el asiento trasero.
—Qué coincidencia. A mí también me mareo cuando me siento en el asiento trasero —dijo Annabel, poniendo los ojos en blanco y frotándose las sienes en señal de fingida impotencia ante Candace.
Annabel carraspeó y se dirigió a ella con calma: «Por cierto, seré la portavoz del Grupo Benton en la reunión. Si me mareo y me siento incómoda, es posible que no pueda decir nada. ¿Me ayudarás a explicar el plan entonces?».
«¡Annabel Hewitt!», gritó Candace.
En ese momento, una voz fría las interrumpió. —Candy, siéntate en el asiento trasero.
—Claro. Los negocios son nuestra máxima prioridad —dijo Candace, respirando hondo para calmar la ira que ardía en su interior.
A regañadientes, se dirigió al asiento trasero.
Cuando Rupert estaba a punto de arrancar el coche, Annabel giró de repente la cabeza y lo miró con una dulce sonrisa.
—Rupert, ¿podrías ayudarme a abrocharme el cinturón de seguridad?
—¿Eh? —Rupert levantó las cejas, sorprendido.
¿Por qué Annabel actuaba de forma tan diferente hoy?
Desde que había roto públicamente su compromiso, había mantenido las distancias con él.
Ahora, le estaba pidiendo que le abrochara el cinturón de seguridad.
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Rupert no pudo evitar preguntarse si Annabel estaba celosa de Candace, que acababa de traerle el desayuno.
Riendo entre dientes, Rupert se inclinó para abrocharle el cinturón de seguridad.
Ella se inclinó ligeramente hacia él y le susurró al oído: «Gracias».
¿No era solo una actuación para demostrar que Rupert se preocupaba por ella? Annabel podría hacerlo fácilmente si quisiera.
Antes despreciaba ese tipo de comportamiento, pero ahora estaba decidida a utilizarlo en su beneficio.
En un intento por provocar una reacción en Candace y obligarla a actuar, Annabel decidió darle una dosis de su propia medicina y no dejarle ninguna salida.
«Ron, ¿no vas a ir a la empresa a preparar los materiales lo antes posible? ¡Vamos!», instó Candace con impaciencia.
Al recordar el dulce momento entre Rupert y Annabel, Candace sintió una oleada de celos y frustración.
Se suponía que era ella quien debía sentarse junto a Rupert y compartir esos momentos íntimos con él. Pero ahora Annabel Hewitt le había arrebatado esa oportunidad.
Candace apretó los puños con fuerza mientras observaba la elegante figura de Annabel frente a ella.
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