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Capítulo 336:
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«Rupert, despierta». Annabel apoyó su mejilla contra la de él. «Prometiste protegerme durante el resto de tu vida. No puedes romper tu promesa».
Rupert frunció ligeramente el ceño cuando su suave voz llegó a sus oídos.
¿Quién lo estaba llamando?
¿Era Candy? ¿O Annabel?
Candy… Annabel.
Las figuras de ambas se superponían gradualmente en su mente confusa.
¿Por qué seguía confundiendo a Annabel con Candy?
Cuando Rupert abrió lentamente los ojos, el rostro de la mujer que tenía delante se hizo cada vez más nítido.
Separó ligeramente sus finos labios y dijo: «Annabel».
«Rupert, ¿estás despierto?». Annabel abrió los ojos con alegría.
«Sí». Rupert asintió con dificultad. «¿Qué me pasa?».
¿Por qué sentía como si su cuerpo se estuviera desmoronando? ¿Por qué le dolía tanto y se sentía tan débil?
«Estás herido, con una herida infectada e inflamada. También tienes fiebre alta», explicó Annabel en voz baja.
Rupert respiró profundamente varias veces mientras recuperaba poco a poco la memoria. Su jet se había estrellado. Él y Annabel habían caído al mar, donde fueron azotados por olas despiadadas y atacados por un pez feroz.
Recordaba vagamente que había estado al borde de la muerte y le había pedido a Annabel que lo dejara ir.
«Anna, ¿tú me salvaste?», Rupert miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba tumbado en la playa.
Se sintió aliviado al darse cuenta de que habían sobrevivido a un desastre tan terrible.
Annabel sonrió levemente. «Tú me salvaste tantas veces, pero yo solo te salvé una vez. Te debo una».
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Rupert tomó la mano de Annabel entre las suyas y dijo: «Entonces prométeme que te casarás conmigo».
Annabel sintió de repente una fiebre repentina. Respiró hondo y miró a Rupert. Este hombre seguía estando en peligro, pero no parecía tomárselo en serio en absoluto.
¿Cómo podía olvidar lo audaz que podía ser Rupert?
Al notar el silencio de Annabel, Rupert apretó su mano con más fuerza y le recordó: «No olvides tu promesa. No puedes retractarte».
Con una leve sonrisa, Annabel respondió: «No me retractaré de mi promesa. Pero ahora mismo, tenemos que llegar a un lugar seguro».
Annabel se sintió un poco aliviada al ver que Rupert se había despertado y parecía estar en mejores condiciones.
Su enfermedad se debía principalmente a que sus heridas se habían empapado de agua de mar y se habían inflamado. Ahora, el sol era tan intenso que incluso una persona sana tendría dificultades para soportarlo, y mucho menos Rupert.
Además, ella no llevaba ninguna medicina, lo que le preocupaba mucho. Después de pensarlo un rato, finalmente se le ocurrió una idea.
Tenía que encontrar un lugar seguro donde acomodar a Rupert. Entonces podría buscar por la isla y esperar tener la suerte de encontrar algunas hierbas para bajarle la fiebre.
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