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Capítulo 2448:
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Annabel asintió con la cabeza, indicando que lo entendía. Entonces, Erica procedió a desatarla. Annabel suspiró aliviada al quedar por fin libre. Pero mientras se frotaba las muñecas, sintió una punzada aguda en el pecho y no pudo evitar preguntarse cuánto tiempo había estado atada exactamente.
«¿Dónde está mi móvil?», le preguntó a Erica. «Déjame llamar a mi empresa para avisarles con antelación».
Pero Erica rechazó su petición. «Podrás hacer todo lo que tengas que hacer cuando llegues allí. Si te doy el móvil ahora, lo único que harás será pedir ayuda. No confío en ti».
Annabel no pudo evitar sonreír ante esto. Sin decir palabra, cogió el bolígrafo y firmó el acuerdo. «Antes me obligaste a poner mi huella dactilar», señaló. «Ahora he firmado con mi nombre, lo cual tiene más valor que una huella dactilar. Ahora ya puedes confiar en mí».
Estaba decidida a asegurarse de que Erica se sintiera cómoda con ella. Pero Erica, aún muy recelosa, no tenía ni idea de lo que se le pasaba por la cabeza a Annabel, así que siguió mostrándose muy cautelosa.
«En ese caso, te creo», admitió finalmente tras mirar la firma. «Ahora volveré contigo a tu empresa».
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«De acuerdo. ¿Me puedes devolver el móvil ya?», volvió a preguntar Annabel.
«Lo he tirado a la basura», respondió Erica. «Siempre podrás decirles a tus subordinados lo que quieras cuando por fin los veas. Tienes todo el tiempo del mundo, así que ten paciencia. No tengas prisa».
Annabel se dio cuenta de que Erica no confiaba plenamente en ella y seguía poniéndola a prueba.
Cambiando de estrategia, Annabel le dijo: «Sabía que esto pasaría. Créeme, soy paciente, así que no tienes por qué sospechar».
Pero Erica no respondió. Así que Annabel renunció a recuperar su móvil y llevó a Erica en su coche de vuelta a la empresa.
Rupert no había conseguido encontrar el coche de Annabel tras buscarlo por todas partes en el barrio.
Pero, de repente, su asistente le llamó. «El coche de la señora Benton se ha puesto en marcha», le informó. «Ahora se dirige hacia la empresa».
Rupert se sorprendió al oír esta información y regresó rápidamente a su coche.
«¿Estás seguro?», le preguntó a su asistente. «¿De verdad estás seguro de que es su coche?».
El asistente no dijo mucho. Se limitó a enviar una captura de pantalla de la información que había recopilado.
Rupert vio un rayo de esperanza.
Sin pensárselo dos veces, se dirigió inmediatamente a la empresa, sin preocuparse por la velocidad ni por los semáforos en rojo.
Mientras tanto, Annabel seguía en la carretera, con Erica apuntándole al vientre con una daga mientras conducía.
Como no había nada que pudiera hacer, Annabel se limitó a aguantarlo en silencio y siguió conduciendo.
En ese momento, aún se encontraban bastante lejos de la empresa.
«¿Qué pasará después de que te entregue esas acciones de la empresa?», preguntó de repente Annabel, intentando entablar una conversación trivial con su secuestradora con el fin de sonsacarle información.
«Limítate a cumplir mis peticiones. No seas tan entrometida», replicó Erica, negándose a caer en la trampa.
Annabel tenía pocas esperanzas de sacarle información, pero aun así no dejó de intentar hablar con ella.
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