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Capítulo 1985:
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Sin embargo, no quería decepcionar a Jared, así que cogió la cuchara y tomó unos sorbos.
Ojalá el hombre que tenía delante fuera Marcel…
Al reflexionar sobre su situación actual, la sensación de desesperanza de Anika se intensificó.
«Jared, ¿por qué eres tan amable conmigo?».
La expresión de Anika estaba teñida de tristeza, un reconocimiento silencioso de que su pasado era irrecuperable.
Aunque había buscado refugio en la casa alquilada por Jared, su objetivo principal era escapar de su familia y de Marcel.
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Jared se había acostumbrado a los cambios de humor de Anika. Verla ponerse sentimental solo le hacía sentir más compasión por ella.
«Tontita, es mi responsabilidad cuidar de ti», respondió Jared con dulzura, cogiendo la cuchara para darle de comer a Anika.
Sin embargo, al fijarse en la comida de mala calidad que había en su cuenco, no pudo evitar pensar que ella se merecía algo mejor.
«Es culpa mía. Estás a punto de dar a luz a un bebé y, sin embargo, solo puedo ofrecerte esto», dijo Jared con una sonrisa apenada.
«Quería comprarte ingredientes de buena calidad para hacer sopa, pero son demasiado caros. Pensé que sería mejor ahorrar el dinero para cuando lo necesites en el hospital».
Anika sintió que una oleada de culpa la invadía al oír cómo se echaba la culpa a sí mismo.
Quien debería estar cuidando de ella era Marcel, no Jared.
«No pasa nada. Puedo comer esto». Anika sonrió con dulzura. Para no decepcionar a Jared, se acabó el plato de sopa de un solo trago.
«En realidad, estos ingredientes sencillos también pueden aportar muchos nutrientes», comentó Anika, elogiando las habilidades culinarias de Jared.
Aun así, Jared no podía evitar sentirse mal, sobre todo al darse cuenta de lo delgada que se había quedado Anika. Empezó a pensar en formas de ayudarla a ganar algo de peso.
«Vale, tú acuéstate y descansa. Yo saldré a comprar algo de comida».
Al ver que Anika se había acabado la sopa tan rápido, Jared se puso en pie, preparándose para salir.
Aunque tenía poco dinero, estaba decidido a comprar algo nutritivo por el bienestar de Anika.
Al salir de la casa alquilada, Jared se preguntaba si comprar pescado o un kilo de ternera para cenar.
Justo en ese momento, la voz de Anika lo llamó por detrás.
«Jared, ¿no sueles llevarte el móvil cuando sales?».
Al oír esto, Jared se dio la vuelta y fijó la mirada en Anika. Su gran barriga se acentuaba con el vestido premamá que llevaba puesto. A pesar de su tamaño, sus extremidades seguían siendo esbeltas y sus mejillas no estaban tan regordetas como las de otras mujeres embarazadas.
«Lo siento. Se me olvidó llevármelo», explicó Jared, cogiendo el móvil y guardándoselo en el bolsillo. A continuación, ayudó a Anika a volver al interior.
«Tengo algo de dinero en efectivo en el bolsillo. No te conviene caminar ahora mismo. No hacía falta que salieras solo para devolverme el móvil».
«No pasa nada. Creo que debería hacer un poco de ejercicio antes de que nazca el bebé», respondió Anika.
A continuación, volvieron a entrar en la casa de alquiler, sin darse cuenta de que un hombre los observaba desde un rincón.
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