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Capítulo 1881:
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Miriam estaba a punto de hablar, pero Garry la interrumpió de nuevo.
Annabel, que permanecía en silencio en un rincón, rompió a llorar al verlo. Miriam y Garry habían pasado por tantas cosas.
«Espera. Te daré la oportunidad de rechazarme más tarde. Como sé que te encantan los girasoles, he decidido que también sean mi flor favorita. Y hasta ahora, tú has sido quien me ha cuidado. A partir de ahora, quiero ser yo quien te proteja. ¿Puedes darme una oportunidad más?»
Con el ramo en las manos, Garry se arrodilló sobre una rodilla, suplicando el perdón de Miriam.
Miriam había imaginado esta escena innumerables veces antes.
Pero ahora ya no era una fantasía: estaba sucediendo, y no podía creerlo. Por un momento, su mente se quedó en blanco.
Tras un largo silencio, Miriam finalmente habló, con voz baja. «¿De verdad esperas que yo…?» Pero se detuvo de repente.
No sabía si era apropiado decir lo que estaba pensando.
«De verdad espero que podamos empezar de nuevo. Ese es mi mayor sueño», dijo Garry con sinceridad, como si le leyera el pensamiento.
Miriam lo miró a los ojos, llenos de esperanza. «Lo siento. No sé cómo responderte. Me había imaginado este momento muchas veces, pero nunca parecías dispuesto a explicarme tu actitud fría hacia mí. Me parecía un amor no correspondido por mi parte. Siempre esperé que tú…»
«…al final cambiaras de opinión y estuvieras conmigo. Pero ahora que por fin está sucediendo, ya no me lo puedo creer».
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A Miriam le dolía el corazón como si lo atravesaran miles de agujas. Innumerables voces en su interior la instaban a darle otra oportunidad a Garry, porque él era a quien su corazón había elegido.
Pero se negó a dejar que sus emociones se impusieran a la razón. No quería repetir los errores del pasado.
«Sé que te he hecho mucho daño, y no espero que me perdones aquí y ahora. Pero, por favor, dame otra oportunidad. Esta vez te protegeré bien».
Garry seguía arrodillado, sin mostrar ninguna intención de levantarse. Al ver que las cosas no iban a favor de Garry, Annabel se llevó rápidamente a Miriam a un lado para hablar con ella en serio.
Mientras tanto, Rupert ayudó a Garry a levantarse por el otro lado.
«¿Sigues dudando?», le preguntó Annabel a Miriam, dándole una suave palmada en el hombro.
«Annabel, tengo miedo. Podía velar por él desde la distancia y hacer cualquier cosa por él, pero ahora que quiere volver a estar conmigo, no tengo fuerzas para darle una respuesta definitiva».
Estaba aterrorizada porque Garry la había herido profundamente en el pasado.
Annabel lo entendió y dijo en voz baja: «No te he traído aquí para obligarte a volver con él ni para que tomes una decisión precipitada. Solo quería que vieras lo sincero que es. Que podáis volver a estar juntos depende totalmente de ti. Pero primero, debes asegurarte de que te quiere».
Miriam era una buena chica, y Annabel no quería verla sufrir de nuevo.
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