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Capítulo 1850:
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Afortunadamente, no había surgido ningún problema grave en la empresa durante su ausencia; de lo contrario, habría quedado sin resolver un sinfín de complicaciones.
Annabel sacó su teléfono y abrió WhatsApp, examinando minuciosamente su historial de conversaciones con Garry. El último mensaje que le había enviado databa de hacía dos días y solo detallaba novedades sobre su trabajo.
Una mueca de perplejidad frunció el ceño de Annabel. Compartió sus preocupaciones con Miriam, y las dos se apresuraron juntas hacia la residencia de Garry.
—¿Has notado que hay algo raro en él? —preguntó Miriam mientras el coche avanzaba a toda velocidad. Ella también se había dado cuenta de que algo no iba bien, aunque ninguna de las dos podía expresar con claridad esa inquietud.
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—Últimamente no me ha enviado ninguna actualización sobre el trabajo. Pensé que simplemente estaba ocupado, pero esto parece diferente —admitió Annabel. La posibilidad de que le hubiera pasado algo a Garry la inquietaba profundamente.
Garry desempeñaba un papel importante como director de la empresa. Si le hubiera pasado algo, la empresa se enfrentaría sin duda a problemas.
Además, Annabel intuía que Miriam le estaba perdonando poco a poco, lo que hacía que la situación fuera aún más angustiosa.
El vehículo se detuvo pronto cerca de la entrada de la casa de Garry.
En cuanto llegaron, subieron rápidamente las escaleras. Annabel llamó con firmeza a la puerta.
Garry, sin embargo, no apareció. Incluso después de llamar al timbre repetidamente durante un buen rato, seguía sin haber respuesta.
La ansiedad comenzó a apoderarse de Miriam. Se le humedecieron ligeramente los ojos. «Annabel, ¿qué hacemos? ¿Y si le ha pasado algo?».
«No te preocupes. Ya lo resolveremos», murmuró Annabel, tratando de aparentar confianza, aunque sus preocupaciones internas estaban lejos de haberse calmado.
Al encontrar la llave debajo del felpudo, se apresuraron a entrar.
El abrumador olor a alcohol asaltó inmediatamente sus sentidos.
La vivienda estaba llena de botellas de vino vacías. Abriéndose paso entre el desorden, registraron cada rincón de la casa, pero Garry no aparecía por ninguna parte.
«Parece que no está aquí…», comentó Annabel, frunciendo el ceño.
Sus intentos por localizar a Garry resultaron infructuosos.
A regañadientes, regresaron a la empresa.
Nada más llegar, se encontraron con una multitud de empleados preocupados.
«¿Qué ha pasado?», la intuición de Annabel le decía que había ocurrido algo grave.
«¡Annabel, le ha pasado algo a Garry!», exclamó un empleado.
«¿Dónde está?», preguntaron Annabel y Miriam al unísono.
El empleado pareció desconcertado y, finalmente, le puso un móvil en las manos a Annabel, en el que se veía una publicación que era tendencia en Twitter.
En lo alto de las tendencias de Twitter, destacaban unas palabras en negrita: «Garry Mason, director de Star Entertainment, bajo sospecha de consumo de drogas».
«¿Cómo es eso posible?», susurró Miriam incrédula, con la voz tensa. «Lo vimos hace solo unos días. Estaba lleno de energía. ¿Cómo podría verse envuelto en un caso de consumo de drogas?».
La incredulidad resonó entre los empleados, pero Annabel permaneció en silencio, absorta en sus pensamientos.
«Mantened la calma».
Tranquilizó a su personal. Garry se encontraba en una situación delicada, y Annabel reconoció la necesidad de mantener la cabeza fría y abordar la situación metódicamente.
De vuelta en su oficina, Annabel examinó Twitter, centrada en la revelación.
«Los últimos acontecimientos indican que la policía ha detenido a una banda de narcotraficantes, en la que Garry Mason, director de Star Entertainment, está implicado como cliente. La investigación sigue en curso».
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