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Capítulo 158:
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Su destreza dejó atónitos a todos los presentes.
Rupert no apartó la mirada de Annabel.
Su prometida, que venía del campo, lo sorprendió una vez más.
Si no confiaba en sus habilidades, ¿cómo podía atreverse a hacer cambios en una prenda tan cara? Al fin y al cabo, el vestido era un producto de Leo Studio.
Annabel terminó en cinco minutos. Los nueve botones habían sido reordenados y no quedaba rastro alguno de las modificaciones. Era como si el vestido, tal y como se veía ahora, fuera el diseño original.
«Listo». Sin esperar quejas ni contradicciones, Annabel guardó la aguja y el hilo.
De repente, Rupert se acercó a ella.
Bajó la cabeza y le habló en voz baja, de modo que solo ellos dos pudieran oírlo. «¿Incluso sabes hacer esto?».
Annabel lo miró y sonrió. «¿Has olvidado que vengo del campo? ¿Cómo voy a ganarme la vida si dejo de aprender nuevas habilidades y mejorar las antiguas?».
Ignorando a Rupert, Annabel cogió el vestido y se lo entregó a Margo. «Pruébatelo».
Margo se llevó el vestido al probador. Cuando volvió a salir, estaba aún más impresionante con el vestido que Annie.
Annabel estaba muy satisfecha y la apreciación de Rupert hacia ella aumentó un poco. Margo era, sin duda, más adecuada que Annie.
Cuando todo estuvo listo, Annabel le dijo al fotógrafo que comenzara la sesión.
Margo nunca había hecho una sesión publicitaria tan importante. Estaba nerviosa y sus movimientos eran un poco torpes.
Annabel detuvo la sesión varias veces para darle a Margo una demostración personal.
«No estés nerviosa. Relájate. Haz como si fuera un día más de trabajo», le indicó Annabel con paciencia a Margo.
Desde donde estaba, Rupert no pudo evitar sonreír mientras observaba trabajar a Annabel. Se tomaba su trabajo muy en serio.
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Su prometida era increíble. Parecía que no había nada que no supiera hacer bien. Su abuelo tenía razón. Las fortalezas de Annabel merecían una investigación a fondo.
Si no fuera por Candy, tal vez podría desarrollar una relación con Annabel. Pero…
Cuando Rupert pensaba en Candy, sus ojos se oscurecían.
Llevaba años buscándola, pero hasta ahora no había recibido ninguna noticia. ¿Dónde estaba ahora su Candy?
Margo era una estudiante modesta y concienzuda, y tras varios intentos, logró alcanzar el nivel de soltura que Annabel exigía.
«Genial, sigue así». Annabel sonrió con satisfacción.
Dos horas más tarde, terminó el rodaje.
Margo dio un largo suspiro de alivio y se volvió para expresar su gratitud. «Gracias, Annabel, por enseñarme tanto».
«Es un placer». Annabel sonrió.
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