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Capítulo 1013:
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Desde entre la multitud, Ellis sonrió con desdén.
Rupert aún no había llegado. Era humillante. Ellis quería ver cuánto tiempo seguiría Candace engañándose a sí misma.
A las siete en punto debía comenzar la ceremonia de compromiso.
Candace estaba sola en el escenario, preguntando repetidamente al personal que tenía a su lado si Rupert había llegado. Cada vez, la respuesta era la misma: no. Intentó llamar a Rupert una y otra vez, pero nadie contestaba. Sus nervios se tensaron hasta que, sin darse cuenta, apretó los puños.
Mientras tanto, los susurros se extendían entre los invitados. Por muy ocupado que estuviera Rupert, no debería llegar tarde a su propia ceremonia de compromiso.
«Señorita Cooper… ¿deberíamos continuar o esperar un poco más?», preguntó el anfitrión en voz baja. Ya había intuido que algo iba mal.
Candace lo miró. La irritabilidad se apoderó de ella, pero se obligó a contenerla y respondió: «Espera un poco más».
Para su sorpresa, alguien entre el público preguntó: «¿Cuándo llegará el señor Benton?».
«Sí, esta es su ceremonia de compromiso. ¿Por qué no ha aparecido todavía? ¿Se ha echado atrás?».
Las preguntas se sucedían una tras otra, acumulándose como una presión.
Todo se estaba convirtiendo en un caos. El corazón de Candace latía con fuerza, pero no tenía más remedio que mantener la calma.
«Ron me acaba de decir que ha habido una emergencia en la empresa y que llegará pronto. Por favor, esperen un poco más. Les prometo que merecerá la pena».
Por fin, el alboroto comenzó a calmarse.
Justo cuando Candace exhaló un suspiro de alivio, el sonido agudo de unos tacones resonó en el suelo.
Candace levantó la vista instintivamente y vio a Annabel de pie en la entrada.
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Las pupilas de Candace se contrajeron por la sorpresa.
Una mezcla de nervios, odio, pánico e incredulidad inundó su pecho.
¿Por qué estaba Annabel allí?
Al oír los pasos, todos se dieron la vuelta. La sorpresa y la confusión se extendieron entre la multitud al reconocer a Annabel. La gente observaba con gran interés; al fin y al cabo, con las dos prometidas de Rupert, la antigua y la actual, presentes, el drama era inevitable.
Annabel avanzó lentamente, tranquila y serena. Su confianza era tan firme, tan imponente, que nadie se atrevía a hablar.
Su sola presencia inquietó a Candace, que parecía tan segura de sí misma hacía solo unos momentos.
—Annabel, ¿qué haces aquí? —preguntó Candace.
Annabel ignoró la pregunta. Miró a Candace con un ligero desprecio.
Candace tragó saliva y miró a su alrededor, sintiendo cómo el pánico se apoderaba de ella. Cuando vio a los guardias de seguridad cerca del escenario, recuperó un poco de confianza.
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