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Capítulo 963:
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«En ese caso, volveremos a la ciudad». Zhuri se acercó lentamente, tranquila y serena. A esas alturas, todas las personas, tanto dentro como fuera del edificio, estaban de su lado. Kailey ya no tenía ninguna posibilidad de echarse atrás. «Incluso he preparado una autocaravana para tu recuperación. He pensado en todo por ti».
Kailey la miró fijamente en silencio durante unos instantes antes de que una leve risa se le escapara de los labios. «Entonces, realmente debería darte las gracias».
«¿Ah, sí?», Zhuri arqueó una ceja.
«Si de verdad has estado vigilándome todo este tiempo, entonces ya sabes que nunca tuve intención de quedarme con este niño». La sonrisa de Kailey apenas le rozó los labios. «La ciudad era un problema. Demasiadas miradas. Demasiadas restricciones. Pero ahora, por fin, se me ha presentado la oportunidad perfecta». Su mirada se volvió gélida, tan desprovista de emoción que parecía congelar la sangre en las venas, mientras pronunciaba cada palabra despacio y con claridad. «Gracias a todos vosotros, ya no tengo que preocuparme por dónde interrumpir el embarazo. No te preocupes. Sin duda te devolveré este favor como es debido».
Durante una fracción de segundo, Zhuri sintió un escalofrío violento al ver la mirada de Kailey. Era como si una intención asesina hubiera destellado en sus ojos, haciendo que su corazón diera un vuelco inesperado.
«No hace falta que me dé las gracias, señorita Lawson. Solo estoy haciendo mi trabajo».
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Tras ese intercambio, ya no quedaba nada que retrasara el proceso.
Kailey se volvió hacia la camilla quirúrgica metálica y hacia las personas que esperaban a su alrededor.
No se veía ni un solo rostro conocido. Todos llevaban batas blancas y mascarillas quirúrgicas, y hablaban con acentos extranjeros. Aquella estampa le recordó a los investigadores inhumanos que su abuelo solía describir, procedentes de épocas más oscuras de la historia.
Gente como esa no merecía el título de médico.
Bajo la insistencia constante de Zhuri, Kailey finalmente dio un paso adelante.
Un paso. Luego otro.
La distancia era mínima, pero le parecía interminable.
Quizá realmente pudiera abandonar a este bebé. Quizá incluso pudiera aceptar su propia muerte. Pero solo si la decisión fuera suya. No de Warren. Ni de Zhuri. ¿Quiénes eran ellos para decidir su futuro por ella? ¿Qué derecho tenían a imponerle una decisión así en su vida?
Justo cuando se acercaba a la mesa de operaciones, Kailey se detuvo en seco. Levantó la vista hacia la mujer desconocida que tenía delante y habló con absoluta certeza. «No voy a someterme a esta operación».
La expresión de Zhuri se endureció al instante, y el personal médico que la rodeaba se puso tenso de inmediato.
Bastaría con una sola orden para que inmovilizaran a Kailey.
Kailey percibía cada movimiento a su alrededor, pero el miedo nunca se reflejó en sus ojos.
«Señorita Lawson, ¿puedo preguntarle por qué?», indagó Zhuri con cautela.
«Es sencillo». Kailey la miró fijamente a los ojos sin pestañear. «Hoy no me apetece hacerlo. Quizá mañana. Quizá otro día cualquiera. Cuando yo decida. Esa decisión no tiene nada que ver contigo».
El rostro de Zhuri se ensombreció. «Tú…»
Antes, había creído de verdad que Kailey había aceptado la realidad. Ahora se daba cuenta de que la obediencia no había sido más que una farsa.
La rabia le deformó los rasgos mientras siseaba con frialdad: «Señorita Lawson, esto ya no es algo que puedas decidir tú. Estás atrapada aquí. Nadie va a venir a rescatarte».
Kailey levantó lentamente la barbilla. La luz del techo se reflejaba en sus ojos claros, haciéndolos parecer sorprendentemente brillantes. «¿Ah, sí?»
Algo en su tono tranquilo inquietó de repente a Zhuri.
«Tú…»
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