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Capítulo 958:
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Las luces de la oficina ya se habían apagado. Al salir al pasillo, los sensores de movimiento se encendieron uno tras otro, iluminando su camino. No era de las que se asustaban fácilmente, pero aquella noche sentía que algo no iba bien.
Algo no iba bien. Sin pensarlo, se aferró con más fuerza a su bolso y se dirigió más rápido hacia las escaleras.
Aún no eran ni las siete, pero el aparcamiento estaba casi vacío.
Las tenues luces proyectaban su sombra sobre el suelo, haciéndola parecer más larga de lo que debería ser.
Miró a su alrededor con cuidado, con los latidos de su corazón resonando con fuerza en el silencio. La inquietud en su pecho se hizo más intensa.
Sacó el móvil, revisó las llamadas recientes y vio un contacto familiar. Justo cuando su dedo se cernía sobre la pantalla, una voz de mujer llegó desde detrás de ella, ligera y burlona. «Señorita».
Un escalofrío le recorrió el cuerpo al darse la vuelta.
Zhuri estaba allí de pie.
Pero, en lugar de sentir alivio, Kailey se puso a la defensiva. «¿Por qué sigues aquí?»
«¿Yo?», preguntó Zhuri señalándose a sí misma con una sonrisa pícara. «Estaba a punto de irme, pero me di cuenta de que me había dejado algo. No esperaba que siguieras trabajando. Eres muy dedicada».
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La mirada de Kailey se posó brevemente en las uñas de color rojo brillante de Zhuri, que destacaban intensamente en la penumbra del entorno.
«Pues ve a buscar lo que necesites. Yo me voy».
« «No he venido solo por eso». Zhuri se acercó un paso. «Hay algo de lo que tengo que hablar contigo».
Antes de que Kailey pudiera moverse, Zhuri continuó: «Se me había olvidado por culpa del trabajo, pero el señor Lawson ha concertado una cita con un médico para que te haga un reconocimiento completo».
De pie bajo la luz del techo, Zhuri ladeó ligeramente la barbilla. El resplandor se reflejaba en sus ojos azul pálido, haciéndolos parecer casi hipnóticos.
Kailey mantuvo un tono tranquilo. «Estoy bien. No hace falta eso».
«Eso no es del todo cierto». Zhuri vaciló, como si estuviera eligiendo cuidadosamente sus palabras. «Señorita, su salud siempre ha sido delicada. Aunque no siempre estoy en la sede central, sé que necesita atención médica cerca. Ya lleva un tiempo de vuelta. Es natural que el señor Lawson se preocupe».
Se acercó a ella y le cogió del brazo. «Por favor, señorita. Si se niega, me resultará difícil informar de ello. Podría enviar a otra persona para que se encargue del asunto».
Eso sonaba exactamente a algo que haría Warren.
Pero este repentino chequeo…
Kailey frunció el ceño y sacó su móvil. «Voy a llamarle».
«¡No, por favor, no lo hagas!».
Zhuri le bajó rápidamente la mano.
Últimamente había estado viendo series y había imitado el tono suave y suplicante de los personajes secundarios. «Señorita, eso daría la impresión de que no estoy haciendo mi trabajo. Ayúdeme y deje que el médico la examine…»
Con sus rasgos marcados, la actuación resultaba fuera de lugar.
Kailey sintió cómo se le ponía la piel de gallina en los brazos. No podía aguantarlo más. «Ya basta. Iré contigo».
Una rápida sonrisa se dibujó en los labios de Zhuri, y su voz se volvió aún más suave. «Estupendo. Por aquí, por favor».
Kailey le lanzó una mirada de reojo y se subió al coche.
Según Zhuri, habían concertado una cita con el médico en una villa a las afueras, totalmente equipada para atender cualquier necesidad médica.
«Ya son las ocho. Para cuando lleguemos y terminemos, será muy tarde».
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