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Capítulo 899:
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Lentamente, casi con reverencia, levantó la mano y recorrió sus rasgos, rozando la suave curva de sus ojos, deslizándose por la pendiente de su nariz y, finalmente, deteniéndose en la suave línea de su boca.
Al fin, sin prisas, se inclinó hacia delante y le dio un tierno beso en los labios.
Kailey debería haberlo apartado, eso lo sabía, pero en el instante en que sus miradas se cruzaron, algo dentro de ella se desmoronó y todo pensamiento sensato se le escapó por los dedos.
El beso se hizo más intenso, sin prisas e increíblemente tierno, más suave que cualquier otro que hubieran compartido en mucho tiempo.
Llevaban días sin cruzar esa línea de intimidad, pero el deseo nunca había desaparecido del todo, solo permanecía latente, como un volcán dormido que parecía inofensivo en la superficie pero que podía despertar con un rugido.
Kailey podía sentir ahora el calor que irradiaba de él, aumentando sin cesar bajo sus palmas, mientras su respiración se hacía más pesada, cargada de emoción contenida y de un silencioso anhelo.
—Kyson… ¡no!
Apretó las manos contra su pecho, intentando crear distancia.
Kyson levantó la mirada hacia ella, con los ojos ligeramente enrojecidos, y una expresión cruda y desprotegida en su interior. —¿No podemos, cariño?
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«No es eso…». La respiración de Kailey se había vuelto entrecortada, y su compostura se resquebrajaba por los bordes. Sin embargo, rechazarlo de plano le parecía demasiado brusco, demasiado frío.
Inspiró lentamente, recuperando el control, y luego le acarició el rostro con dedos suaves, acariciándole la mejilla con un gesto tranquilizador. Su voz se suavizó sin que ella lo quisiera, resultando persuasiva y cálida. «Mañana tengo una reunión temprano y tú también necesitas descansar. La próxima vez, ¿vale?»
La próxima vez, quizá, pero esta noche no, se dijo en silencio. La advertencia del médico resonaba en su mente, firme y clara: los tres primeros meses eran delicados, y la intimidad como esta estaba estrictamente prohibida.
Kyson mantuvo su mirada durante varios largos segundos, con algo denso e indescifrable asomándose tras sus ojos, antes de dar finalmente la vuelta y tumbarse de espaldas a su lado. Se quedó mirando al techo, con la mandíbula apretada, regulando en silencio su respiración como si luchara por recuperar el control.
Kailey se mordió el labio inferior y giró la cabeza para observarlo de reojo.
—¿Estás enfadado? —preguntó ella.
—No. —Kyson tragó saliva; su nuez de Adán se movió mientras cerraba los ojos. Cuando habló, su voz sonó grave, con textura, como el calor deslizándose sobre algo áspero—. Solo estaba pensando… en lo difícil que es abrir de verdad el corazón de alguien.
El corazón de Kailey dio un salto repentino e irregular. Se le cortó la respiración. ¿Por qué diría algo así? ¿Se había dado cuenta de algo?
Sus pensamientos se enredaron en nudos, cada preocupación se apilaba sobre la siguiente hasta que su mente se sintió peligrosamente desequilibrada.
«Mantén la calma». Kyson parecía percibir la tensión que se acumulaba en su interior; su voz se suavizó al flotar por la silenciosa habitación. «Son solo problemas en el trabajo, no tiene nada que ver contigo».
En todo caso, esa explicación solo hacía que sus palabras anteriores le resultaran aún más extrañas.
Aun así, Kailey se obligó a seguir su ejemplo. «¿Es grave?»
«Sí». Kyson giró la cabeza para mirarla, a modo de énfasis. «Muy grave».
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