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Capítulo 891:
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Una vez instalada en el coche, cerró los ojos y sus pensamientos se enredaron en una maraña que no podía desentrañar.
A través del retrovisor, Jake la observaba en silencio. «Señorita Lawson, ¿adónde quiere ir?».
«Llévame de vuelta a Aslesall».
El sueño volvió a apoderarse de ella, arrastrando a Kailey hacia otro recuerdo. Cuando aún era muy pequeña, su madre ya había dejado de compartir la cama con ella.
Las tormentas siempre la despertaban sin falta.
Aquella noche, Kailey se bajó de la cama. La pequeña luz nocturna se había apagado y los destellos de los relámpagos iluminaban la habitación con ráfagas intensas. Cada trueno hacía que su cuerpo temblara.
«Mamá…», llamó, pero nadie respondió.
Otro destello inundó la habitación y el miedo se arraigó aún más en su pecho. Apretando contra sí su peluche, se levantó y decidió ir a buscar a sus padres para no tener que quedarse sola.
En cuanto salió de su habitación, algo le llamó la atención. Una figura se encontraba cerca de las escaleras.
I𝗻𝗴r𝘦ѕa 𝖺 n𝗎𝘦𝗌t𝗿𝗼 𝗀𝘳𝘂𝗉o d𝖾 𝖶𝗵а𝘵ѕ𝘈𝘱𝘱 𝗱𝗲 𝘯𝗼𝘷𝘦l𝘢𝘀𝟰𝗳𝘢ո.𝖼𝗼m
«¿Papá?»
Parpadeó y la figura había desaparecido.
Confundida, Kailey se frotó los ojos y siguió caminando hacia la habitación de su madre.
Normalmente, la puerta de su habitación se mantenía abierta, pero aquella noche se resistía a abrirse por mucho que empujara.
Entonces empezaron a oírse unos ruidos extraños desde dentro. En la mente de Kailey, eso solo podía significar una cosa: un monstruo se había colado y les estaba haciendo daño. Las lágrimas brotaron de sus ojos mientras gritaba con fuerza.
De repente, una mano se extendió desde atrás y le tapó la boca.
Un calor intenso le invadió la cabeza en un instante y, a continuación, todo se volvió negro.
Amaneció con el cielo despejado; la tormenta ya había pasado. Junto a su cama, su madre estaba sentada en silencio, con una expresión distante y llena de preocupación.
«Mamá…» Kailey levantó la mano con esfuerzo y le dio un golpecito en la mejilla a su madre.
«¿Ya estás despierta, cariño?» Alissa se llevó la mano a la cara antes de abrazar a Kailey. «¿Has tenido una pesadilla? Ya no pasa nada. Estoy aquí. Nada te va a hacer daño».
La confusión se reflejó fugazmente en el rostro de Kailey. Lo que recordaba no le parecía en absoluto un sueño. Sin embargo, su madre seguía insistiendo en que lo era.
Kailey miró a su alrededor y se dio cuenta de que estaba tumbada en su propia cama.
«Mamá, anoche fui a buscarte, pero no te encontré. Además, oí ruidos extraños que venían de tu habitación. Parecía un monstruo».
Una suave sonrisa se dibujó en los labios de Alissa, aunque las lágrimas le resbalaban por el rostro. «Los monstruos no existen. Solo existen en los sueños. En cuanto te despiertas, desaparecen y ya no hay nada que te dé miedo».
Esas palabras permanecieron en su mente, repitiéndose una y otra vez, mientras Kailey abría los ojos de golpe. Se llevó la mano directamente a la frente y el sudor le corría por el rostro como si le estuviera lloviendo encima.
El coche ya se había detenido. «Ya hemos llegado», dijo Jake.
Kailey miró por la ventana y vio que habían vuelto a la casa de Aslesall.
«¿Sabes algo de Benny?», preguntó.
«Si todo sale según lo previsto, lo verás en los próximos días».
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