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Capítulo 55:
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La voz de Kyson rompió el silencio sin previo aviso. Kailey casi se sobresaltó. Levantó la vista y lo encontró ya de espaldas a ella, inmóvil bajo la luz como algo ensamblado con precisión y sin prisas. Sus pestañas se agitaron, los pensamientos se dispersaron mientras el calor se le subía a las mejillas.
«Sí».
Una arqueada ceja juguetona se levantó, una leve sonrisa curvó sus labios. «Entonces seguiré cocinando».
La irritación mordió su orgullo, pero tras una breve pausa se acercó, con los dedos entrelazados sin fuerza a la espalda. «Nunca me había dado cuenta de que sabías cocinar».
«Hay muchas cosas que aún no sabes de mí. Tenemos tiempo. Puedes descubrirlas poco a poco». Un suave vapor se elevaba de la sartén mientras Kyson removía las verduras con movimientos firmes y pausados.
El silencio se instaló entre ellos. Kailey estudió las líneas limpias de su perfil, la luz de la cocina trazando sus rasgos marcados. Antes había dado por sentado que su matrimonio no sería más que un acuerdo de conveniencia: dos amigos conviviendo sin obligaciones ni implicación emocional. Últimamente, sin embargo, un pensamiento silencioso no dejaba de aflorar. Compartir toda una vida con él ya no le parecía insoportable.
Aunque su técnica carecía del pulido profesional, Kyson cocinaba con cuidadosa precisión, y los platos aromáticos que salían de la sartén tenían un aspecto sorprendentemente apetitoso. Con una pequeña sonrisa inconsciente, Kailey se dispuso a colocar los platos y los cubiertos sobre la mesa.
«Kailey».
—¿Sí?
—Ven a echarme una mano un momento.
Su voz grave y pausada llegó desde fuera de la cocina, y ella dejó la cuchara rápidamente, saliendo con pasos ligeros.
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Una leve vergüenza se reflejó en la sonrisa de Kyson mientras murmuraba: —Se ha hecho un nudo en el cordón del delantal. ¿Podrías aflojarlo?
—Oh… vale. Kailey se acercó, sin saber muy bien por dónde empezar.
Con su amplia espalda de espaldas a ella, Kyson esperó un instante antes de preguntar: «¿Pasa algo?».
«No, nada».
¿Cómo iba a admitir que estar tan cerca hacía que sus ojos se desviaran constantemente hacia un lugar al que se suponía que no debía mirar?
Inspiró lentamente, refrenó sus pensamientos divagantes y, finalmente, extendió la mano hacia el obstinado nudo de su cintura. El sencillo lazo se negaba a aflojarse bajo sus dedos; la tela parecía apretarse más con cada tirón cuidadoso, como si el pequeño lazo tuviera voluntad propia y disfrutara de su frustración.
Una extraña calidez se deslizó por su pecho: una ilusión tranquila e involuntaria de que ella y Kyson ya llevaban años compartiendo este hogar, como una pareja cualquiera pasando una tarde cualquiera.
La intimidad de ese pensamiento hizo que un rubor rosado se extendiera por sus mejillas.
Sin que se diera cuenta, transcurrió un minuto entero en un silencio incómodo.
Kyson giró ligeramente los hombros y miró hacia atrás. «¿Aún no consigues desatarlo?
Un leve temblor recorrió las yemas de los dedos de Kailey. Se reprendió a sí misma en silencio, pero mantuvo la compostura mientras murmuraba: «Ni siquiera sé qué tipo de nudo has hecho. Está completamente atascado».
«Si está realmente atascado, olvídalo. Compraré otro». Kyson se encogió ligeramente de hombros, sin apartar la mirada de ella.
Un destello de vacilación cruzó la mente de Kailey; el comentario de Kyson le pareció extrañamente formulado. Decidió no insistir en el tema y cogió las tijeras, cortando con cuidado la cuerda que rodeaba su cintura.
Con una sonrisa despreocupada, murmuró: «Deberíamos cambiar este delantal. ¿Qué tal si nos pasamos por el supermercado después de cenar?».
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