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Capítulo 400:
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La sala de reuniones era pequeña y tenebrosa. En cuanto se sentó, los ojos de Olivia se clavaron en ella: una mirada que transmitía resentimiento, ira y algo punzante que costaba definir.
Era obvio que el castigo la había cambiado. Solo habían pasado unos días, pero Olivia ya parecía agotada. Su piel había perdido el brillo y su complexión parecía más delgada, casi frágil.
Durante un rato, ninguna de las dos habló.
Por fin, Kailey rompió el silencio. «Olivia, si me has pedido que viniera solo para que me sentara aquí a mirarte, entonces no tiene sentido continuar con esto».
Justo cuando estaba a punto de levantarse, Olivia habló por fin.
«¿No sientes curiosidad por saber por qué Ryan hizo que su hermano te adoptara?».
Kailey se detuvo y la miró. «¿A qué te refieres?».
Una extraña sonrisa se dibujó en el rostro de Olivia. «Así que de verdad no lo sabes».
Esa reacción pareció satisfacerla. Aunque Kailey lo tuviera todo ahora, seguía manteniéndosela en la ignorancia como a una tonta.
Las manos esposadas de Olivia temblaban ligeramente. La piel alrededor de sus ojos se enrojeció por la intensidad de sus emociones. «No te lo diré. En este mundo, solo Ryan y yo sabemos la verdad». Soltó una risa aguda e inestable.
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Kailey frunció el ceño y esperó a que la risa se desvaneciera. «No he venido aquí a desenterrar secretos. Y no me interesa lo que sea que estés insinuando. Nunca te hice daño. Todo lo que te ha pasado es el resultado de tus propias decisiones». Fuera cual fuera la razón por la que Ryan hizo que su hermano la adoptara, eso no cambiaba el resultado. Él la crió. Esa era la realidad. Si él no hubiera entrado en su vida en aquel entonces, ella podría haber crecido en un orfanato.
La expresión de satisfacción de Olivia vaciló. «¿De verdad no sientes ninguna curiosidad?»
«¿Por qué debería indagar en algo que ya es pasado?» Kailey la miró a los ojos con calma.
Los dedos de Olivia se tensaron sobre la mesa, clavándose las uñas con fuerza en las palmas. Tras un largo silencio, volvió a hablar, con voz seca y tensa. «Tenía una agenda oculta. ¿Y a ti te parece bien? ¿No quieres saber la verdad?»
Era un secreto que había oído por casualidad no hacía mucho, cuando Ryan estaba hablando por teléfono. Quizá ni siquiera el resto de la familia Owen lo supiera. Ese pensamiento la tranquilizó un poco. Respiró hondo y se quedó mirando a Kailey, atenta a la más mínima grieta en su compostura.
Kailey no le dio ninguna. «Si quisiera saber la verdad, ¿me la dirías?».
«¡Nunca te la diría!».
«Entonces, ¿qué más da?». Kailey se encogió de hombros. «Si tienes algo que decir, dilo. Ya estoy aquí. No volverás a tener muchas oportunidades como esta».
Los labios de Olivia temblaban. «Tú…».
Esta no era la reacción que había esperado.
En la universidad, cuando salía con Ryan, se había enterado de la existencia de la niña que su hermano había adoptado. La familia Owen la adoraba. Ryan la trataba como a algo precioso: era estricto, pero generoso con todo lo que ella necesitaba. En aquella época, Olivia era joven e insegura, y parte del motivo por el que rompieron fue por culpa de Kailey.
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