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Capítulo 348:
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Para alivio de todos, la reunión entre las dos familias transcurrió con más fluidez de lo esperado. En la cocina, Irene y Aleena trabajaban codo con codo, charlando mientras preparaban la cena, y en poco tiempo se reían como viejas amigas y hacían planes para dar un paseo juntas por el jardín más tarde. Kyson y Sawyer se enzarzaron en una partida de ajedrez, y Kailey se quedó al lado de Shirley, escuchando sus historias.
Al cabo de un rato, Shirley hizo un gesto a Kailey para que subiera, con una expresión que denotaba cierto misterio. «Hace tiempo que tengo listo tu regalo de boda. ¿Te gustaría adivinar qué es?».
A Kailey ni siquiera se le había pasado por la cabeza recibir nada, pero le siguió la corriente a Shirley con una suave sonrisa. «¿Qué has preparado?».
«Naturalmente, es algo que vale la pena ver».
Shirley se estiró y apartó un cuadro enmarcado. Detrás de él, quedó al descubierto un espacio oculto. En él se escondía un viejo armario cuyo diseño reflejaba el paso de los años, y en su interior descansaban dos cajas, colocadas ordenadamente una al lado de la otra.
Como Shirley no tenía fuerzas para levantarlas sola, Kailey se adelantó y la ayudó a sacarlas. Tras sacudirse el polvo de las palmas de las manos, Shirley dijo: «Probablemente no las hayas visto antes. Las he guardado para ti durante bastante tiempo. Te gusten o no, son tuyas».
Entonces, con un leve crujido, una de las tapas de madera se abrió lentamente.
La visión del interior hizo que Kailey contuviera el aliento, incrédula.
Dentro de la caja, había filas de lingotes de plata apilados con cuidado. Era difícil calcular su peso, pero los bordes desgastados y las tenues marcas delataban años de cuidadoso almacenamiento.
«Cuando era joven, éramos respetados en esta ciudad. Éramos cultos, conocidos, y nuestra historia familiar se remontaba a varias generaciones. Pero los tiempos cambiaron». Un atisbo de tristeza se apoderó del rostro de Shirley mientras se sumergía en sus recuerdos.
Kailey se recompuso y negó con la cabeza. «Abuela, has protegido esto durante tanto tiempo. No puedo quedarme con algo tan valioso».
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«¿Por qué no?», preguntó Shirley, con expresión seria. «Siempre estuvieron destinadas a ti. Si no fuera así, las habría vendido hace años».
«Pero…»
«No hay ningún pero», la interrumpió Shirley con firmeza. «Desde el día en que te adoptaron, has sido una de las nuestras».
«Abuela…», a Kailey se le hizo un nudo en la garganta y le costó hablar. No podía entender cómo se había ganado un amor tan incondicional.
«Si de verdad quieres hacerme feliz, date prisa y forma una familia. Déjame ver crecer a mis bisnietos. Con eso me bastaría».
Dicho esto, Shirley cerró la caja con delicadeza. «Por ahora la dejaremos aquí. No te olvides de llevártela más tarde. Hay algo más que necesito preguntarte».
Kailey la ayudó a sentarse en el borde de la cama. «Abuela, ¿de qué quieres hablar?».
«Se trata de Ryan». Shirley la miró directamente a los ojos. «¿De verdad ya no hay ninguna posibilidad entre vosotros dos?»
La pregunta pilló a Kailey desprevenida. «Abuela, ya me he casado con otra persona».
«¿Y qué si estás casada? Los demás no lo saben. Siempre puedes divorciarte». Shirley extendió la mano y tomó la de Kailey. «Dime la verdad. Si todavía sientes algo por Ryan, lo llamaré ahora mismo y le pediré que se case contigo. »
Kailey se encontró con su mirada sincera. Por un momento, sintió un nudo en el pecho y no supo cómo responder.
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