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Capítulo 300:
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El silencio fue su única respuesta. Su mirada se posó en los sobres esparcidos a sus pies: algunos eran rosas con delicadas flores estampadas, otros eran sencillos y anodinos. Nunca se había molestado en leer lo que había escrito dentro, aunque podía imaginar las torpes confesiones que contenían. ¿Y qué si les gustaba? ¿Era un delito que alguien se sintiera atraído por otra persona? La curiosidad y la atracción eran simplemente parte de la naturaleza humana.
Aun así, Kailey sabía que Ryan veía las cosas de otra manera. Él era mayor, moldeado por más experiencia y cautela. Ella entendía que si le respondía, aunque fuera una sola vez, el conflicto se avivaría hasta quedar fuera de control. Así que se mantuvo callada mientras Ryan seguía sermoneándola, con su voz llenando la habitación durante casi dos horas.
Cuando su ira finalmente se apagó, su tono se suavizó. El arrepentimiento se reflejó en su rostro. «Escúchame, Kailey. Ninguno de esos chicos es tu futuro. Dedicarles tiempo no te llevará a ninguna parte. Acaba con esto ahora y mantente alejada de ellos».
Un pensamiento amargo cruzó la mente de Kailey. Él nunca había confiado en ella. Ni una sola vez se había molestado en escuchar su versión.
Tras una breve pausa, bajó las pestañas y respondió en voz baja: «De acuerdo».
En las semanas siguientes, Ryan reorganizó toda su agenda solo para pasar tiempo con ella. La sacaba a menudo y le compraba regalos, como si la generosidad pudiera arreglarlo todo. En aquel entonces, ella supuso que la culpa finalmente lo había alcanzado y que estaba tratando de enmendarlo. Solo más tarde entendió el patrón. Las salidas y los regalos no eran disculpas. Estaba tratando de distraerla de esos supuestos chicos.
La pantalla del ordenador se atenuó y se apagó sola, dejando la oficina a oscuras. En ese silencio, Kailey esbozó una leve sonrisa de burla hacia sí misma.
¿Por qué estaba reviviendo recuerdos tan antiguos? ¿Era por lo que Olivia había dicho antes? Eso no tenía mucho sentido. Las acusaciones vacías de alguien tan estrecho de miras no deberían haber tenido tanto peso.
Tras respirar lentamente, apagó el ordenador, recogió sus cosas, cerró con llave y bajó las escaleras.
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Afuera, una ligera nevada se arremolinaba en el aire. Una fina niebla suavizaba el horizonte de la ciudad, dando a todo un brillo apagado pero extrañamente vivo. El invierno le parecía interminable a Kailey, y se sorprendió deseando que la primavera llegara antes.
Se ajustó el abrigo y dio un paso adelante, pero se detuvo en seco.
Bajo una farola cercana había un hombre, recostado con despreocupada naturalidad. Llevaba flores en una mano, mientras que la otra permanecía metida en el bolsillo. A juzgar por la capa de nieve que cubría sus hombros, llevaba allí esperando un buen rato. Mechones de suave cabello le caían sobre la frente y, bajo la tenue luz, parecía casi irreal, como alguien salido de las páginas de una novela gráfica.
Algo cálido rozó el pecho de Kailey, ligero e inesperado.
Kyson ya la había visto. Se apartó de la farola y se acercó con tranquila seguridad, con pasos pausados y una presencia que llamaba la atención sin esfuerzo. Una vez junto a ella, soltó un suspiro silencioso. «Realmente haces esperar a un hombre. Menos mal que soy paciente».
Los ojos de Kailey se detuvieron en su rostro y, sin pensarlo, levantó la mano para tocarle la mejilla. El frío bajo sus dedos la hizo fruncir el ceño. «¿Por qué estás aquí fuera?»
Una lenta sonrisa se dibujó en sus labios, y su voz transmitía esa familiar calidez. «He venido a recoger a mi mujer al trabajo. ¿Qué si no?»
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Nota de Tac-k: Y llego el día viernes amadas personitas, que sea un día grandioso para ustedes, muchos ánimos. Dios les ama y Tac-k les quiere mucho. (─‿‿O)
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