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Capítulo 25:
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Pasaron los minutos sin que hubiera señales de la periodista. La asistente caminaba de un lado a otro nerviosamente, con el teléfono en la mano, haciendo una llamada tras otra para explicar el retraso. Al parecer, el tráfico lo había paralizado todo, y la entrevista tendría que esperar otros veinte minutos.
Finalmente, la puerta se abrió de par en par y la periodista entró.
Era Olivia.
Kailey se dio cuenta de inmediato. Se había olvidado por completo de que Olivia tenía experiencia en periodismo: se había ido al extranjero a estudiar, había regresado a casa y había conseguido un puesto en una revista. Al parecer, el destino tenía un sentido del humor particular.
«Kailey, espero que no te hayas aburrido demasiado esperándome», dijo Olivia, dejando su bolso en el suelo antes de pasar el brazo por el de Kailey como si nunca hubiera pasado nada entre ellas. « Te debo una cena después de esto. El tráfico ha sido una auténtica pesadilla».
Esa familiaridad tan natural hizo que la gente que tenían cerca intercambiara miradas.
Alguien del equipo intervino, curioso. «Señorita Marsh, ¿se conocen usted y la señorita Evans?».
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«Por supuesto», respondió Olivia con una sonrisa radiante. «Y muy pronto nos llamaremos familia. ¿No es así, Kailey?».
Kailey la estudió por un momento, y un destello de admiración, aunque a su pesar, afloró en ella. ¿Cómo se las arreglaba para actuar de forma tan cálida y natural después de todo lo que había pasado justo el día anterior?
Al percibir el silencio de Kailey, Olivia se volvió hacia la asistente. «No perdamos más tiempo. Deberíamos ponernos manos a la obra».
Todos volvieron a centrar su atención en el trabajo que tenían entre manos, pero Kailey permaneció impasible. «Olivia, no tienes que fingir ante mí. No me engañas».
«Esa es tu elección», respondió Olivia, con una sonrisa que se enfrió ligeramente. «Aun así, deberíamos pensar en Ryan. Sea lo que sea lo que se interponga entre nosotras, es mejor mostrarnos cordiales delante de los demás, ¿no crees?».
Kailey frunció el ceño, pero se mordió la lengua. Su preocupación por Ryan era profunda, no por un afecto residual, sino por años de gratitud sincera. Eso seguía importándole.
Al notar su vacilación, Olivia esbozó una leve sonrisa. «La entrevista de hoy será sencilla. Colabora y habremos terminado antes de que te des cuenta. Después, podremos hablar en privado».
Estar fuera de cámara significaba responder a las preguntas habituales: fuentes de inspiración, qué la atrajo inicialmente al diseño de joyas, qué impulsaba sus ambiciones. Kailey respondió a cada una con tranquila seguridad, manejando todas las preguntas sin un atisbo de nerviosismo.
La sorpresa de Olivia era evidente. No esperaba que Kailey se comportara con tanta aplomo. Aun así, en su mente, todo se reducía al dinero de Ryan. Sin él, la vida de Kailey habría sido muy diferente.
Cambiando de estrategia, la expresión de Olivia se agudizó al deslizar una pregunta que no aparecía en ninguna parte de la hoja de la entrevista.
«Señorita Evans, la gente dice que su infancia estuvo marcada por las dificultades y que un hombre generoso intervino para criarla. Viviendo tan cómodamente y recibiendo tal educación, ¿nunca se siente culpable por depender de él?».
La sala quedó en silencio. Nadie esperaba que Olivia atacara tan directamente y, dada su posición en la industria, nadie se atrevió a intervenir.
Kailey mantuvo la mirada fija, comprendiendo de inmediato la intención detrás de las palabras. Dejó que el silencio se extendiera por un momento antes de responder.
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