✨ Martes y viernes nuevos capítulos y estrenos
💬 Únete a la comunidad en WhatsApp & Telegram!
Si te está gustando la lectura, me ayudarías mucho compartiendo la web 🌟
Capítulo 1150:
🍙 🍙 🍙 🍙 🍙
Kyson esbozó una sonrisa burlona, mientras sus dedos ya se encargaban rápidamente de desabrocharle la blusa.
—No te preocupes —murmuró con voz ronca—. Felicity sabe muy bien que no debe interrumpir.
En ese preciso momento, abajo en el salón, a Felicity le salió un estornudo involuntario.
«…¿Tía Lissy?», preguntó Candy levantando la vista, parpadeando con sus grandes ojos redondos, llenos de confusión.
«La tía está bien, cariño. Solo es un pequeño resfriado, nada de qué preocuparse», dijo Felicity, fingiendo un tono tranquilo y amable. Levantó la vista hacia las escaleras, murmurando para sí misma: «¿Qué estarán haciendo tu mamá y tu papá ahí arriba? Hacer las maletas no debería llevar tanto tiempo… ¿Deberíamos…?»
Felicity cruzó la mirada con la niña, con una chispa de picardía en los ojos. «¿Quieres ir a ver cómo están?»
Candy, que parecía entenderlo perfectamente, se iluminó de emoción.
𝗟ee 𝘭𝘢𝘀 𝗎́𝘭𝘵𝗂𝗆𝖺ѕ 𝘵eո𝖽𝖾nc𝗶𝗮ѕ 𝘦𝘯 𝗇𝗼𝘷еl𝖺𝘴4f𝖺ո.𝖼оm
Dejó caer el juguete que tenía en la mano, pero luego pareció recapacitar, cogió a su monstruo de peluche favorito y extendió los brazos.
Con un «¡uf!», Felicity la levantó en brazos.
«Hagamos mucho silencio», susurró con aire de complicidad. «Vamos a espiarlos y a ver qué están tramando».
Candy asintió con tanta fuerza que todo su cuerpo tembló. Pero la pequeña estaba demasiado emocionada con la aventura. En cuanto sus piececitos tocaron el primer escalón, soltó una risita de alegría. Felicity no pudo más que sonreír, en una mezcla de exasperación y encanto.
A medida que se acercaban a la puerta del dormitorio principal, aminoró el paso.
«Shh».
Silencio.
Con Candy por fin callada, otros sonidos, más sutiles, comenzaron a llegar desde detrás de la puerta.
Algo no cuadraba. Una extraña inquietud le punzaba la piel a Felicity. No fue hasta que la puerta cerrada quedó justo delante de ella cuando se dio cuenta, quedándose paralizada en el sitio.
«Tía…» Mmph.
En cuanto Candy abrió la boca, la mano de Felicity se la tapó.
«Ay, cariño», susurró, con voz ahora tensa y apremiante mientras empezaba a retroceder. «Tenemos que… volver abajo. Tu mamá y tu papá están… muy ocupados intentando darte un hermanito o una hermanita ahora mismo. No debemos molestarlos bajo ningún concepto. Venga… Hoy somos tú y yo, ¿vale, cariño?».
Candy era demasiado pequeña para entender nada de eso.
Pero mientras tuviera a alguien con quien jugar, no le importaba. No necesitaba a sus padres en ese preciso instante.
Pensando rápido, Felicity la sentó en el cochecito y salió a dar un paseo.
Dos guardias de seguridad se pusieron a seguirles. Quería despacharlos, pero, pensando en la seguridad, lo reconsideró y dejó que las siguieran.
Para Candy, el mundo fuera de casa era infinitamente fascinante. Un bicho en la acera, el perro del vecino, un pájaro que se lanzaba en picado sobre la superficie del lago.
Saltaba de alegría, retorciéndose y estirando sus bracitos, intentando tocarlo todo.
«Este es para mamá. Tiene tantos libros, ya ves… solo tienes que meterlo dentro, así».
Le hizo un gesto a Candy, que intentó imitarla con entusiasmo, aunque era imposible saber si realmente lo entendía.
Felicity no pudo evitar reírse ante sus payasadas.
«Ay, mi pequeña, eres demasiado adorable…»
.
.
.