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Capítulo 817:
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Poco después, Cayson llegó apresuradamente.
Al ver a Yelena de pie junto a los dos hombres ensangrentados, Cayson se acercó rápidamente, con el rostro lleno de preocupación.
—Yelena, ¿no te dije que te quedaras dentro?
Cayson rodeó a Yelena, examinándola para asegurarse de que no estaba herida. Solo se relajó cuando confirmó que estaba a salvo. Yelena lo tranquilizó: —¿Ves? Estoy bien, ¿no?
Cayson miró a Austin, entrecerrando los ojos y soltando un bufido. «Ya te lo pagaré más tarde», dijo.
A continuación, centró su atención en los dos delincuentes.
Tratar con ellos era sencillo: solo tenía que entregarlos a la policía.
Los fuegos artificiales seguían iluminando el cielo y la mayoría de los invitados estaban absortos en el impresionante espectáculo, sin saber que acababa de producirse un asesinato cerca de allí.
—¡Austin, tenemos que hablar! —gritó Cayson con severidad.
Austin se acercó, consciente del motivo, pero sin oponer resistencia, reconociendo su error de aquel día.
—Cayson.
—¡Cabrón! —gritó Cayson, levantando el puño y golpeando a Austin.
Austin, erguido, no intentó bloquear el golpe.
—¡Para, Cayson! ¿Qué estás haciendo?
Yelena intervino apresuradamente, interponiéndose entre Cayson, que se detuvo justo a tiempo, y su puño la rozó por poco.
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Cayson tenía una expresión de frustración cuando dijo: «Yelena, ¿qué haces? ¡Quítate de en medio!».
Yelena se enfrentó a Cayson y dijo: «Le pedí ayuda a Austin. Si sientes la necesidad de golpear a alguien, debería ser a mí».
Al ver la determinación de Yelena, Cayson sintió una oleada de impotencia. Ni siquiera en su ira se atrevería a ponerle la mano encima.
Cayson se volvió hacia Yelena y dijo: —Está bien, no voy a pegar a nadie. ¿Ya estás contenta?
Yelena le agarró del brazo y respondió con una dulce sonrisa: —¡Gracias! ¡Eres el mejor hermano del mundo!
Fingir ser una hermana pequeña le costó mucho a Yelena; sentía todo el cuerpo tenso por la incomodidad.
Yelena pensó que era mejor pelearse, como había hecho antes, que intentar hacerse la mona. Sin embargo, sentía que no tenía otra opción, ya que no podía permitir que Cayson golpeara a Austin.
Cayson se quedó momentáneamente sin palabras. Solo pudo ceder ante la dulce sonrisa y las palabras suplicantes de Yelena.
Cayson advirtió a Yelena: «Aunque no puedo castigarte, eso no significa que hayas hecho lo correcto».
Yelena se detuvo, sabiendo que Cayson se enfadaría y la regañaría. Ya se había preparado para ello.
«Adelante, regáñame si quieres».
Yelena se quedó allí, con aspecto indefenso. Al verla, Cayson supo que nunca podría regañarla. Exhaló profundamente y dijo: «Pero no me hagas preocupar así otra vez».
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