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Capítulo 373:
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Sería una pesadilla: una avalancha de devoluciones que podría arruinar los resultados de la empresa.
Y si el caos se descontrolaba, sin duda se cuestionaría el liderazgo de Stella. La destituirían en poco tiempo.
Los únicos que saldrían ganando con este lío serían las sombras que acechaban entre bastidores, ansiosas por causar problemas a Stella.
Stella se convertiría en el hazmerreír de todos, ridiculizada por muchos, y algunos incluso aprovecharían la oportunidad para avivar las llamas y empeorar las cosas.
La idea era insoportable, pero la mente de Stella era un torbellino. Por mucho que lo intentara, no se le ocurría ninguna solución.
Heather ya había malgastado el dinero en pagar las deudas de su marido. Esperar que devolviera una suma tan grande era una quimera. Incluso si la denunciaran a las autoridades, eso no haría aparecer por arte de magia los fondos.
La frustración carcomía a Stella. ¿Todos sus años de esfuerzo incansable para llegar a esta posición habían sido en vano? ¿Todo lo que había construido estaba a punto de derrumbarse bajo sus pies?
Su teléfono vibró, interrumpiendo sus pensamientos. El mensaje de Yelena apareció en la pantalla. «Tengo un plan».
Stella parpadeó, momentáneamente atónita. Creía sinceramente que Yelena podía solucionar esto.
No era la lógica lo que la convencía, sino una corazonada, una confianza instintiva que no podía explicar.
Pero la curiosidad seguía ardiendo en su interior. ¿Qué solución podría tener Yelena?
Stella, ansiosa por mantener el impulso, le envió rápidamente un mensaje a Yelena.
«¿Cuál es tu plan?», escribió, seguido de un emoji sonriente y juguetón.
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Yelena no se molestó en hacerse la tímida. Unos segundos más tarde, el teléfono de Stella vibró con una respuesta directa que contenía una solución.
Mientras tanto, Yelena guardó el teléfono en el bolsillo como si nada importante hubiera pasado. Bella la había estado observando con una mezcla de desdén e irritación.
¿Por qué Yelena era tan reservada?
El coche se detuvo frente a la casa y todas salieron. En el jardín, Katelyn estaba sentada cómodamente, disfrutando del calor del sol. Su rostro se iluminó al oír el ruido del coche y verlas regresar. Las saludó alegremente con la mano. —¡Ya estáis! ¿Habéis encontrado algo bonito en Sterling and Grace esta vez?
El entusiasmo de Katelyn era genuino, aunque teñido de nostalgia. Le hubiera encantado acompañarlas, pero su reciente operación requería reposo y precauciones. Evitar los lugares concurridos era una necesidad para garantizar que sus heridas en proceso de curación no se infectaran.
Afortunadamente, Bernice se había quedado en casa con ella para hacerle compañía y que el día no se le hiciera demasiado aburrido.
En cuanto Katelyn mencionó las compras, la expresión de Bella se ensombreció. Su estado de ánimo se agrió visiblemente y apretó los labios formando una línea fina. —No quiero hablar de eso —murmuró con tono agudo y molesto.
Katelyn parpadeó, sorprendida por la respuesta de Bella. Normalmente, Bella mostraba con entusiasmo sus últimas compras, deleitándose con la atención que le prestaban. Hoy, sin embargo, parecía como si le hubieran hecho mucho daño. —¿Qué ha pasado? —preguntó Katelyn, intrigada.
Bella miró rápidamente a Donna, pero decidió guardar silencio. Últimamente había aprendido a controlar su lengua delante de Donna, para no arriesgarse a que la desapruebe aún más. Era mejor callarse que decir algo que pudiera molestarla.
Donna notó la vacilación de Bella, pero no le dio importancia. Quizás Bella simplemente no se sentía cómoda compartiendo los detalles. Como Katelyn era de la familia, Donna decidió que no había ningún problema en explicarlo. Relató el incidente en Sterling and Grace, detallando la pulsera falsa que habían descubierto.
Katelyn abrió los ojos con incredulidad. «¡Dios mío! Yo compré una pulsera allí el mes pasado. ¿Crees que la mía también podría ser falsa?».
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