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Capítulo 326:
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«Perfecto».
Después de colgar, Austin se quedó un momento perdido en sus pensamientos.
Sin duda, podía asestar un duro golpe a Leonel, pero la cara de su abuela apareció en su mente. Ya había enterrado a un hijo. Perder a otro la destrozaría.
Así que Austin se detuvo, considerando cuál era el mejor enfoque.
Llegó a la conclusión de que la estrategia más eficaz era humillar a Leonel, recordarle que algunas cosas estaban fuera de su alcance, cosas que nunca habían sido para él. Austin sabía que Leonel llevaba años inquieto, tramando sustituirlo.
Y ahora que Reuben había crecido y regresaba, Leonel seguramente estaba haciendo sus movimientos para allanar el camino a su hijo. Austin tenía curiosidad por ver qué planes intentaría Leonel.
Mientras tanto, Leonel estaba sentado detrás del escritorio de la oficina del director general del Grupo Barton, irradiando confianza y autoridad. Se estaba acostumbrando al entorno, sabiendo que no tardaría mucho en ser oficialmente el dueño de ese puesto. La grandeza del espacio, la vista imponente… era todo lo que había soñado.
Pronto, todo sería suyo.
Su siguiente tarea era empezar a llenar la empresa de gente leal a él.
La ambición brillaba en los ojos de Leonel.
En ese momento, unos suaves golpes en la puerta interrumpieron sus pensamientos y Aanya entró con su elegancia habitual.
—¿Cómo va todo, cariño? ¿Te estás acostumbrando? —preguntó con una cálida sonrisa.
—Por supuesto. Esta silla debería haber sido mía hace mucho tiempo. Ya era hora de que ocupara el lugar que me corresponde —refunfuñó Leonel.
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—No es demasiado tarde. Austin ha hecho todo el trabajo duro; ahora solo tienes que disfrutar de las recompensas —dijo Aanya, sentándose en el regazo de Leonel con una sonrisa juguetona.
Si Leonel se convertía en director general del Grupo Barton, ella sería la esposa del director general.
Llevaba esperando este momento toda la vida.
Pronto, las damas de la alta sociedad se agolparían para halagarla. La idea la llenaba de alegría.
—Sí, esa es la actitud correcta —dijo Leonel, incapaz de reprimir una risita.
—Por supuesto, cariño, pero no pierdas de vista el hospital. No podemos permitirnos ningún desliz. Austin no será fácil de manejar», le recordó Aanya con tono serio. Ya habían sufrido reveses anteriormente y no podían permitirse otro error.
«No te preocupes. Lo tengo todo bajo control. Incluso he pedido a alguien que lo compruebe todo dos veces», respondió Leonel con voz llena de confianza.
Con eso, la pareja comenzó a perderse en sueños de un futuro lleno de poder y lujo, con sus ambiciones volando cada vez más alto.
Katelyn estaba realmente aterrorizada por la muerte, y las palabras de Yelena se habían grabado profundamente en su mente. Cuando se presentó la oportunidad, sin que nadie la viera, se escapó al hospital para hacerse un chequeo.
«Es solo un examen rutinario», se dijo a sí misma, aferrándose a esa idea como a un salvavidas.
Seguramente, Yelena solo estaba inventando historias, no podía ser verdad, ¿verdad?
Sin embargo, una vocecita persistente le susurraba: «¿Y si es verdad?».
Esa idea la atormentaba, dejándola llena de ansiedad.
Con las manos temblorosas como hojas al viento, concertó una cita con un especialista en cirugía mamaria y se preparó para la exploración.
Rezó en silencio durante todo el trayecto, esperando, suplicando, que los resultados demostraran que sus temores eran infundados.
Pero el destino tenía otros planes. El resultado la golpeó como un trueno.
Al recibir el informe de la prueba, las manos de Katelyn temblaban tan violentamente que apenas podía sostener el papel. No podía creerlo: las ominosas palabras de Yelena se habían hecho realidad. ¡Katelyn tenía cáncer de mama!
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