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Capítulo 282:
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Esta actuación marcaba su regreso triunfal, un hito al que se acercaba con meticuloso cuidado y seriedad inquebrantable. Después de repartir las elegantes invitaciones, se excusó, consciente de no quedarse más tiempo del debido.
En cuanto salió, Austin no perdió tiempo y llamó a John. Sabía que Yelena necesitaba descansar y decidió enviarle un mensaje más tarde.
Cuando Mónica salió por las imponentes puertas de la villa de la familia Barton, un elegante coche de lujo se deslizó por el camino de entrada. Ella dudó, su curiosidad se despertó por un momento, pero las puertas se cerraron detrás de ella, dejando el vehículo, y a su ocupante, en el misterio. ¿Quién podría ser?
Austin se detuvo en seco cuando el rugido de un motor resonó en el patio. Se volvió hacia el origen del ruido y su mirada se posó en la figura que salía del elegante vehículo: su tío, Leonel. Al instante, una sensación de frío se apoderó de Austin. ¿Qué hacía Leonel allí?
Aun así, Austin disimuló su inquietud con indiferencia y se dirigió hacia la sala de estar con paso mesurado. Unos instantes después, Leonel entró con una sonrisa calculada en el rostro. —Austin, hoy estaba en Eighfast por negocios, así que pensé en pasar a verte. ¿Cómo estás? Austin miró a su tío y asintió con cortesía, con tono seco. —Gracias por preguntar. Estoy bien.
—Me alegro de oírlo —respondió Leonel con suavidad—. Tu abuela está preocupada por ti. Deberías ir a visitarla cuando tengas tiempo.
Luego, con aire de indiferencia fingida, añadió: —Y quizá deberías pensar en sentar cabeza pronto. Ya no eres tan joven.
Los ojos de Leonel, agudos y observadores, se dirigieron hacia la puerta, donde había visto salir a una mujer momentos antes. Aunque no la había visto con claridad, su presencia le intrigaba. La curiosidad de Leonel no hizo más que aumentar. ¿Quién era esa mujer? ¿Y qué hacía en la villa?
Se enorgullecía de ir siempre un paso por delante de Austin, pero esta visita revelaba una laguna en su conocimiento. ¿Podría haber algo, o alguien, que Austin le estuviera ocultando?
—Ya veo —dijo Austin, con tono tranquilo y mesurado, la fachada perfecta de respeto que se esperaba de alguien que se dirigía a un miembro mayor de la familia.
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—Estaré en Eighfast por un tiempo —comentó Leonel, con un matiz calculado en su voz—. Pensaba pasar por la empresa mañana. Si necesitas algo, no dudes en pedírmelo. Acabas de recuperarte, es mejor que no te esfuerces demasiado. —La sonrisa de Leonel era suave, casi ensayada, mientras asentía con la cabeza.
Para un observador, el intercambio habría parecido un momento entrañable entre tío y sobrino, marcado por el cariño y la calidez familiar. Pero bajo la actitud afable de Leonel, Austin detectó sombras de ambición.
El interés de su tío por la empresa no nacía del altruismo, sino de la curiosidad velada de un depredador que acecha a su presa.
La respuesta de Austin fue un ejemplo de compostura. —Gracias, tío Leonel. Te lo agradezco.
—Somos familia —dijo Leonel, con voz llena de fingida sinceridad—. No hay necesidad de formalidades.
Pero sus ojos lo delataron, agudos e inquisitivos, como si intentaran despojar a Austin de su apariencia de fortaleza.
Se decía que el veneno que casi le había costado la vida a Austin era imparable. ¿Estaba Austin fingiendo estar bien?
Según toda lógica, no debería estar allí, aparentando estar sano y salvo. Y, sin embargo, allí estaba. Esa incongruencia minaba la confianza de Leonel.
Había sido meticuloso: cada paso de su plan había sido calculado a la perfección. ¿Cómo podía ser?
Fuera lo que fuera lo que Austin ocultaba, Leonel estaba decidido a descubrirlo. Al fin y al cabo, la clave para mantenerse por delante era conocer al enemigo mejor que él mismo. Pero Leonel subestimó a Austin. La apariencia serena del joven no era una actuación, sino la armadura de alguien que ya había visto el juego.
En cambio, Austin esperaría, esperaría a que Leonel se impacientara y revelara sus verdaderas cartas.
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