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Capítulo 259:
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Algo iba terriblemente mal.
Sonya no respondió.
Sus manos temblaban mientras navegaba rápidamente hacia la plataforma de redes sociales que Bella había mencionado. Lo que vio en la pantalla le hizo revolverse el estómago.
La cuenta recién popular que había estado causando revuelo ahora estaba en lo más alto de la lista de tendencias.
Sus publicaciones se habían vuelto virales, eclipsando la transmisión en vivo cuidadosamente orquestada por Sonya tanto en alcance como en impacto. A medida que Sonya se desplazaba por las publicaciones, su pánico se intensificaba.
La narrativa había dado un giro completo.
Sonya apretó el teléfono con fuerza, con los nudillos blancos mientras se desplazaba por una publicación tras otra. Cada foto, cada vídeo, desmoronaba la narrativa que ella y Tatiana habían elaborado.
Su mundo se desmoronaba y no tenía forma de detenerlo. Sonya miró fijamente su teléfono, con las manos temblorosas, y susurró: «Imposible. Esto es absolutamente imposible».
Tatiana se volvió hacia ella, alarmada por el pánico en la voz de su hija. —¿Qué ha pasado? ¿Qué ocurre?
—Mamá, mira esto. —Sonya le puso el teléfono en las manos a Tatiana, incapaz de seguir hablando.
Los ojos de Tatiana recorrieron la pantalla y su expresión pasó de la confusión al horror absoluto. Se tambaleó ligeramente y se agarró al reposabrazos para apoyarse.
«¿Cómo…? Esto no puede ser…», balbuceó, con una mezcla de incredulidad y desesperación en la voz. «¿Quién ha publicado esto?». Su mente iba a toda velocidad, pero no conseguía aclarar sus ideas. Las fotos, los vídeos, las pruebas irrefutables… Habían aparecido de la nada.
—Mamá, ¿quién más podría ser? —siseó Sonya, con la voz temblorosa por la frustración y el miedo—. ¡Tiene que ser esa maldita Yelena! ¿Quién más podría tener acceso a este material y a estos vídeos? La realidad la golpeó como un puñetazo en el estómago. ¿Yelena había guardado todo esto todo este tiempo, anticipándose a este día?
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La idea era amarga, escalofriante. ¿Había estado esperando, planeando su venganza con precisión calculada?
Maldita sea.
La historia que habían construido con tanto cuidado se había desmoronado, sustituida por una verdad condenatoria que no se podía manipular ni silenciar.
¿Qué iban a hacer ahora?
¿Salir en directo e intentar explicarlo? Quizá pudieran salvar algo.
Tatiana la interrumpió, apretando el teléfono con fuerza mientras su rostro se contraía de furia. —¡Esa maldita Yelena! Si la veo, le diré lo que pienso. ¿Cómo se atreve a hacernos esto? ¡Conspirar contra nosotras así!». Miró fijamente los vídeos, con la mente fija en una pregunta aterradora. ¿Cómo había conseguido Yelena esas imágenes?
Las imágenes habían sido grabadas dentro de su propia casa, momentos íntimos que nunca habían imaginado que alguien pudiera grabar. ¿Cámaras? ¿Cuándo? ¿Cómo?
La mente de Tatiana daba vueltas, buscando una explicación que se negaba a aparecer.
—Mamá, ¿qué hacemos ahora? —preguntó Sonya, con la voz temblorosa por la desesperación.
—Ve a la retransmisión en directo —ordenó Tatiana, con una voz que cortaba la tensión con autoridad—. Di que esas fotos y vídeos son falsos, que los han manipulado para difamarnos. Niégalo todo. No podemos dejar que esto siga así. A pesar del caos creciente, mantuvo la compostura y su determinación fue inquebrantable.
Sonya asintió, buscando desesperadamente una salida a ese lío. Era su única oportunidad de recuperar el control. Cualquier retraso consolidaría el daño y las dejaría sin nada.
Sonya preparó rápidamente la retransmisión en directo y pulsó «empezar» con las manos ligeramente temblorosas.
En cuanto su rostro apareció en pantalla, se desató la tormenta.
Decenas de miles de espectadores se conectaron, pero no era el público comprensivo al que Sonya estaba acostumbrada. Esa gente no estaba allí para escuchar, sino para enfrentarse. Los comentarios condenatorios habían cambiado por completo la narrativa y ahora la multitud estaba sedienta de sangre.
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