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Capítulo 244:
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Tatiana no era de las que dejaban escapar una oportunidad.
Con el Grupo Roberts al borde de la quiebra financiera, aprovechar la influencia de la familia Harris era una oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar. Si se manejaba correctamente, sus problemas financieros podrían desaparecer de la noche a la mañana.
Ella y Sonya se pararon en la entrada de la gran mansión de los Harris, esperando con fingida paciencia después de tocar el timbre. Momentos después, apareció una sirvienta, con un comportamiento educado pero reservado.
—Hola —dijo la criada, con tono profesional—. ¿Puedo preguntar a quién vienen a ver?
Tatiana enderezó la postura, irradiando un aire de superioridad. —Venimos a ver a Yelena, soy su madre adoptiva. Tráigala inmediatamente —declaró, con un aire de suficiencia.
Su arrogancia era palpable, su tono despectivo, como si se dirigiera a un subordinado.
La expresión de la sirvienta vaciló y frunció sutilmente el ceño.
La actitud de Tatiana le desagradó de inmediato, pero se recordó a sí misma que debía mantener la profesionalidad.
Dado que Yelena acababa de reencontrarse con la familia Harris, era posible que aquella mujer autoritaria fuera su madre adoptiva.
Decidida a actuar con cautela, la sirvienta respondió con educada moderación: —Por favor, esperen aquí un momento. Avisaré al señor Harris.
—Está bien, pero no nos haga esperar —espetó Tatiana con voz cortante—. Somos invitados de honor de la familia Harris. Muéstreles respeto y compórtese como corresponde. Su postura denotaba arrogancia, con la barbilla levantada como si el mundo le debiera deferencia.
En su mente, esta visita no solo era razonable, sino un privilegio para la familia Harris.
Después de todo, ¿no había criado ella a Yelena? Sin duda, eso solo le daba derecho a un lugar de honor.
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Lo que Tatiana ocultaba convenientemente, bajo capas de superioridad moral, era la verdad. Las duras palabras, el abandono, el rechazo absoluto de Yelena cuando ya no le era útil… Todos esos recuerdos habían sido barridos y reescritos por una narrativa que la pintaba como una cuidadora noble y sufrida.
Normalmente, Bella habría pasado el día de compras o con sus amigos, pero últimamente su mente estaba consumida por una sola cosa: Yelena.
Al oír que la criada se acercaba apresuradamente, Bella levantó la vista, con una expresión de irritación en el rostro.
—¿Por qué corres así? Ten modales —espetó con voz aguda y sin filtros.
Sin los demás miembros de la familia alrededor, Bella no sentía la necesidad de mantener su habitual fachada de encanto.
La sirvienta, tranquila y serena, inclinó la cabeza respetuosamente.
—Hay dos mujeres en la puerta. Dicen ser la familia adoptiva de la señorita Yelena y piden verla.
Bella se quedó momentáneamente desconcertada. ¿La familia adoptiva de Yelena? ¿Aquí?
Interesante.
El escepticismo sustituyó rápidamente a su sorpresa. Si esta supuesta familia hubiera sabido la verdadera identidad de Yelena, habría aparecido en cuanto se reveló su conexión con la familia Harris.
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