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Capítulo 240:
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Un intento fallido no era el final. Esto no había terminado.
Afuera, Yelena caminaba junto a los demás invitados cuando un elegante Porsche se detuvo frente al hotel, con su exterior pulido brillando bajo las luces. La puerta se abrió y una figura alta e imponente salió del vehículo.
Se escucharon exclamaciones entre la multitud reunida y los ojos de los miembros de la alta sociedad se iluminaron con emoción. No era otro que Austin.
Su presencia tenía un peso que atrajo instantáneamente todas las miradas.
¿Había venido por Monica?
Los rumores sobre la supuesta cercanía entre Monica y Austin siempre habían estado presentes en la alta sociedad, susurrados entre copas de champán e intercambiados con miradas cómplices. Esa noche, su inesperada llegada parecía dar vida a esas especulaciones.
El rostro de Monica se iluminó con auténtica alegría, y su voz fue cálida y acogedora.
—¡Austin! ¡Qué sorpresa! ¿Qué te trae por aquí esta noche?
El corazón de Monica se aceleró. Quizás se había enterado del evento de esa noche y había decidido ir a recogerla en persona.
La emoción bullía bajo su aparente calma. Sus labios esbozaron una pequeña sonrisa esperanzada mientras se mordía el labio, tratando de parecer serena.
Pero Austin no le ofreció la seguridad que ella ansiaba. Su expresión era indescifrable y su tono distante cuando respondió: «Estoy buscando a alguien».
Sus ojos recorrieron brevemente la multitud antes de posarse en Yelena.
Yelena se quedó paralizada bajo el peso de su mirada, sin poder respirar por un momento. Rápidamente se dio la vuelta, y la incomodidad de sus movimientos era tan evidente como el repentino silencio que se había apoderado de la multitud.
El corazón de Mónica se hundió. No se le escapó la breve conexión, y la devastadora realidad la golpeó con fuerza. «¿Me lo había imaginado todo?», pensó.
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Su mente se apresuró a conciliar la realidad con sus expectativas, y la emoción de hacía unos instantes se evaporó en una amarga decepción.
La respuesta llegó rápidamente, sin dejar lugar a dudas.
—Sube al coche —dijo Austin, con una voz que cortó el silencio como una navaja. Su atención se centraba exclusivamente en Yelena—. Te llevaré a casa.
Yelena dejó escapar un suspiro silencioso, con la postura rígida al sentir las miradas clavadas en ella. ¿Por qué ahora, precisamente ahora?
¿No entendía Austin el significado de sus actos? Su estatus entre aquellas personas era innegable, y cada uno de sus movimientos tenía consecuencias. Sin embargo, Austin permanecía allí, imperturbable, esperando su respuesta.
Para él, quizá no significara nada, solo un gesto sencillo y directo. Pero para Yelena era todo lo contrario.
Yelena permaneció en silencio, sin querer seguir siendo el centro de atención.
Austin no era un hombre que aceptara resistencia; cuando quería algo, lo conseguía.
Su voz grave y autoritaria rompió la tensión sin esfuerzo. —¿Qué pasa? ¿Hay algún problema?
Yelena dudó un momento y luego negó con la cabeza. —No, no hay ningún problema. Vamos.
Lo último que quería era agravar aún más la situación. Los susurros y los juicios no le molestaban personalmente, pero tenía que ser consciente de la reputación de la familia Harris. Una escena pública solo complicaría las cosas.
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