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Capítulo 225:
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Mientras tanto, en la sala privada, Austin parecía inusualmente distraído. Monica, siempre perspicaz, lo notó de inmediato. Algo en Austin había cambiado desde que había posado sus ojos en aquella mujer. Monica no pudo evitar sentir una punzada de inquietud. ¿Quién era ella?
No se podía negar que era una mujer muy guapa, pero su aspecto informal llamaba la atención: unos vaqueros y una camiseta, aunque claramente de alta gama, distaban mucho del estilo refinado de la alta sociedad.
¿Cómo era posible que Austin se interesara por alguien así? Se preguntó Monica. Desestimó su preocupación con un pensamiento desdeñoso: quizá estaba dando demasiada importancia al asunto.
Austin, recomponiéndose, se sentó y empezó a pedir la comida. Para animar el ambiente, también había invitado a John, un amigo común que tenía un don para mantener las conversaciones animadas. Con John, el alma de la fiesta, no había posibilidad de que el ambiente se volviera incómodo.
Al poco rato llegó John, llenando la sala con su energía. Al ver a Monica, esbozó una sonrisa exagerada. —¡Monica! ¿Cuándo has vuelto a la ciudad?
Monica puso los ojos en blanco, con un tono de irritación en la voz. —Sigues siendo tan ruidoso como siempre, John. Volví hace unos días.
No pudo ocultar su ligera molestia. Se suponía que iba a ser una cita íntima con Austin, no una reunión de grupo.
Crisis
John no era ajeno a las sutiles intrigas de Monica. En el pasado, puede que ni siquiera hubiera aparecido si Austin le hubiera llamado, ya que consideraba que no era asunto suyo. Al fin y al cabo, entrometerse en los asuntos de los demás, especialmente en los sentimentales, no era precisamente lo más elegante.
Pero ahora las cosas eran diferentes. John había llegado a comprender los verdaderos sentimientos de Austin.
Para Austin, Monica no era más que una hermana, un vínculo residual de la infancia, desprovisto de cualquier connotado romántico. Sin embargo, Monica tenía claramente en mente algo muy diferente. John sabía que permitir que la situación se agravara solo conduciría al caos, y el caos era lo último que Austin necesitaba.
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Esta vez, John decidió intervenir.
En cuanto entró en la habitación, una señal apenas perceptible de Austin le bastó para comprender cuál era su papel: rescatarlo. Austin nunca se había sentido especialmente cómodo con las mujeres, sobre todo en situaciones como esta.
John se volvió hacia Monica con una sonrisa despreocupada, y su encanto llenó sin esfuerzo el vacío de la conversación. —¡Bienvenida! No te olvides de tus humildes amigos ahora que has triunfado, ¿vale?
Mónica reprimió el impulso de poner los ojos en blanco. Aun así, mantuvo una actitud cortés y fingió sinceridad. —Por supuesto, os he echado de menos a los dos —respondió con afecto forzado—. He estado muy ocupada en el extranjero, entrenando todos los días. Por cierto, pronto daré un concierto en solitario. Tenéis que venir a apoyarme.
John se rió, con tono ligero y burlón. «No nos lo perderíamos por nada del mundo. Cuenta con nosotros».
Austin, como de costumbre, permaneció casi en silencio, dejando que John llevara la iniciativa. Monica apenas se dio cuenta; se había acostumbrado a la naturaleza reservada de Austin a lo largo de los años.
El ambiente era bastante agradable, aunque Monica seguía centrada en Austin. Pero John tenía otros planes. Decidió que era el momento de soltar un nombre en la conversación.
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