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Capítulo 214:
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John la miró fijamente, con una mezcla de asombro y admiración en el rostro.
¿Había discernido un diagnóstico tan complejo con solo tomarle el pulso al anciano? No era solo habilidad, era algo mucho más allá de eso, algo casi sobrenatural.
¿Podía esto significar realmente que tenía una solución?
Una frágil pero creciente esperanza brilló en el pecho de John, amenazando con estallar en algo más fuerte.
—Hemos hablado con muchos cirujanos —admitió John, con un tono cargado por el peso de innumerables decepciones—. Pero ninguno se siente seguro debido a la edad de mi abuelo. Yelena, ¿crees que hay alguna posibilidad de que puedas hacerlo?
La mirada de Yelena era firme, su tranquila confianza era como un salvavidas. —Calculo que hay un ochenta por ciento de posibilidades de éxito.
El corazón de John dio un salto.
Ochenta por ciento. Era más esperanza de la que nadie se había atrevido a ofrecer.
John se sintió inundado por el alivio y, por primera vez en meses, la cruda realidad del estado de su abuelo le pareció superable.
—Es increíble —dijo John, con la voz temblorosa por la gratitud. Se inclinó hacia delante, con las manos apretadas. —Por favor, Yelena. Te lo ruego, ¿operarás a mi abuelo? Su sinceridad era casi abrumadora y, por un instante, pareció que se arrodillaría si ella se negaba.
Yelena respondió a su sincera súplica con un pequeño y decidido asentimiento. —De acuerdo. Siento una cierta conexión con tu abuelo y me encantaría ayudar en todo lo que pueda. Pero necesitará descansar y prepararse para la operación. Haz los arreglos necesarios para que permanezca en el hospital durante una semana y se estabilice. Después, yo le operaré.
Su decisión fue como un bálsamo para los nervios destrozados de John. No hubo vacilación ni duda alguna.
El asunto quedó resuelto con notable claridad, y el peso que había estado cargando pareció levantarse de golpe.
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John apenas podía contener su euforia. Se había preparado para una batalla de persuasión, pero Yelena había aceptado sin dudarlo.
Se volvió hacia Austin, recordando las veces que su amigo le había hablado de su brillantez médica.
En aquel entonces, había descartado esas historias como exageraciones: ¿cómo podía alguien tan joven poseer tal maestría? Pero la milagrosa mejoría de Dwight tras tomar una sola pastilla recetada por ella borró todo escepticismo.
Durante años, los mejores médicos y los tratamientos más caros no habían logrado aliviar el cansancio ni los problemas cardíacos de Dwight.
Sin embargo, la medicina de Yelena había funcionado al instante, revitalizando a Dwight de una manera que desafiaba toda explicación.
En ese momento, John la vio tal y como era en realidad: no solo una sanadora, sino un fenómeno.
—Me pondré con los preparativos de inmediato —dijo John, rebosante de entusiasmo—. Me aseguraré de que mi abuelo descanse en un hospital privado y se someta a todas las pruebas necesarias.
—Bien —respondió Yelena con un pequeño gesto de asentimiento—. Revisaré sus resultados y finalizaré mi evaluación antes de la cirugía.
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