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Capítulo 211:
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—Espera, ¿qué? —exclamó John—. ¿Has tenido un infarto?
Dwight asintió lentamente. —Me vino de repente, pero ella me salvó. La medicina que me dio fue milagrosa. Me sentí mejor casi al instante, e incluso me dejó medio frasco. Debió de costarle una fortuna. —Hizo una pausa y bajó la voz—. Le debo la vida, John. Tengo que darle las gracias en persona.
John exhaló, con la determinación más firme. «No te preocupes, abuelo. La encontraré».
Incluso después de que el hospital confirmara que Dwight se encontraba en estado estable, una urgencia tácita permaneció entre ellos.
Dwight no podía deshacerse de la esperanza que le había despertado la habilidad de la joven.
Sus palabras, y su medicina, contenían la promesa de que tal vez ella podría ayudarlo como nadie más podía hacerlo.
Fiel a su naturaleza pragmática, John no perdió tiempo. Ordenó a un equipo que revisara las imágenes de las cámaras de seguridad del lugar del incidente.
Horas más tarde, apareció la imagen borrosa de la espalda de una joven, una silueta fugaz, pero suficiente para que sus pensamientos se aceleraran.
Había algo familiar en ella. La postura, los movimientos…
«¿Yelena?», susurró John para sí mismo, el nombre le golpeó como un rayo.
¿Podía ser ella?
Sin dudarlo, cogió el teléfono y llamó a Austin.
Austin respondió casi de inmediato, con tono informal.
«¿Qué pasa?
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John fue directo al grano. «Austin, ¿fue Yelena quien te curó cuando estabas enfermo?
Hubo una larga pausa, seguida de un suspiro resignado. —Sí, era ella. Pero no le des importancia, ¿vale? Yelena no quiere que la gente se entere de esto. Es… muy reservada.
Yelena siempre había hecho todo lo posible por ocultar su identidad como la misteriosa doctora «Yancy».
—Lo entiendo —le aseguró John—. No diré ni una palabra sobre su identidad. Pero necesito confirmar algo. Te enviaré un vídeo. ¿Puedes decirme si la mujer que aparece es Yelena? Hoy le ha salvado la vida a mi abuelo y nuestra familia le debe mucho.
—De acuerdo, envíamelo. Le echaré un vistazo —respondió Austin sin dudarlo.
Tras finalizar la llamada, John reenvió el vídeo de vigilancia. Austin lo abrió inmediatamente y su rostro se iluminó al reconocer la inconfundible presencia de Yelena en la pantalla.
Tenía un aura, una tranquila seguridad que era imposible pasar por alto.
Respondió a John de inmediato.
La emoción de John creció al leer la respuesta de Austin, pero sabía que no debía confiar únicamente en una confirmación.
Rápidamente recuperó una foto espontánea de Yelena, que había tomado por accidente durante un encuentro anterior, y se la mostró a Dwight y al mayordomo.
Sus reacciones fueron inmediatas y unánimes. Era ella.
La mente de John se aceleró. La revelación de que Yelena no solo era la salvadora de su abuelo, sino también la misteriosa doctora que había curado a Austin, le provocó un escalofrío.
Entonces, otro pensamiento le golpeó como un rayo.
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