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Capítulo 202:
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Bella, siempre intrigante, intentó seguir a Yelena varias veces con la esperanza de descubrir algún trapo sucio. Sin embargo, cada vez, Yelena se le escapaba con facilidad.
Bella simplemente no tenía talento para este tipo de cosas. Yelena la había descubierto hacía tiempo.
Sin otra opción, Bella tuvo que tirar la toalla por ahora.
Había esperado desesperadamente encontrar algo que pudiera usar para bajarle los humos a Yelena, pero fracasó estrepitosamente.
Para empeorar las cosas, los Harris habían empezado a tratar a Yelena con una cordialidad recién descubierta. Bella se sentía cada vez más marginada. El favoritismo la carcomía, alimentando el fuego de los celos que ardía en su interior.
¿Por qué Yelena se había convertido de repente en la niña mimada?
Bella no lo entendía, pero eso hacía que la odiara aún más.
Sin embargo, Bella no era de las que se daban por vencidas fácilmente.
Aún no había perdonado a Yelena por escapar de la trampa de Jacob la última vez. Le molestaba que Yelena hubiera logrado escapar ilesa mientras los hombres de Jacob volvían con las manos vacías.
Impulsada por el resentimiento, Bella juró que no volvería a fallar. Con renovada determinación, se acercó a Jacob, que aún estaba curando su ego herido.
Él estaba de mal humor y ansioso por una distracción que le levantara el ánimo.
Había perdido una pequeña fortuna, y su orgullo, cuando apostó contra Yelena y perdió.
Corrían rumores de que Yelena no solo tenía una mente aguda, sino también importantes habilidades para el combate. La próxima vez que se cruzaran, Jacob juró que se aseguraría de que Yelena lo lamentara.
La voz de Bella era una suave melodía rebosante de dulzura cuando se conectó la llamada. «Jacob, ¿qué tal?». Impulsada por su creciente odio, Bella estaba dispuesta a hacer todo lo posible para ver la caída de Yelena. Pagaría cualquier precio, por alto que fuera, para conseguirlo.
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«¡Bella, hola! Estoy en el club, relajándome. ¿Por qué no te pasas?». El ánimo de Jacob se levantó en el instante en que el nombre de Bella apareció en su pantalla, como un rayo de sol atravesando un cielo nublado.
¿Cómo había podido olvidarse de ella?
Jacob llevaba meses intentando llamar la atención de Bella, pero ella siempre parecía mantenerlo en vilo con su encanto esquivo.
Sin embargo, esa noche, su llamada le pareció la distracción perfecta para su mal humor reciente.
Bella no era una mujer cualquiera. Su encanto era magnético, sus palabras siempre estaban envueltas en ese tono suave y persuasivo que atraía a los hombres como polillas a la luz. Desde el momento en que la vio por primera vez, Jacob quedó prendado de ella.
Ella dudó un momento, con la mente en un torbellino. Sabía que estaba caminando por una línea muy fina, pero había que hacer sacrificios para lograr su objetivo.
Respiró hondo y se tranquilizó. —Está bien —dijo con suavidad, ocultando su confusión interior—. Envíame la dirección y me pasaré por allí.
En cuanto recibió la dirección, Bella se dirigió al club, con la mente llena de expectación y determinación.
No era un lugar cualquiera, era el territorio de Jacob.
La primera vez que se habían visto había sido allí, durante la celebración de su cumpleaños. Se había topado con él por casualidad mientras intentaba abrirse paso entre la multitud que abarrotaba la pista de baile.
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